1991 – NEVERMIND, Nirvana

Si Kurt Cobain levantara la cabeza se volvería a suicidar, solo de ver a miles de niñitas con fotos suyas, banderas, posters y toda esa parafernalia típica del icono del rock plástico, cosa que el verdaderamente odiaba.
Nirvana no fue lo mas innovador, ni tampoco fue un grupo que impusiera nuevos esquemas en la música. Pero si lo es como icono, y como regla fundamental de cómo se deben hacer las cosas. Paradójicamente su éxito era una paradoja del ser humano, ¿cómo unas letras tan sumamente amargas, asquerosamente deprimentes y que reflejaban el asqueamiento de una generación que se ahogaba en le vomito de las estrellas enlacadas de los 80 tuvo tanto éxito?.
Factores como el aburrimiento generacional, la maquinaria de la MTV y la necesidad de una explosión underground provocó toda esta movida. ( Si os fijáis el nacimiento del movimiento grunge tiene cierto paralelismo con el nacimiento del punk en el 77, ¿ que curioso no?). Quizás la perdición de Kurt Cobain fue ser el chico guapo del baile, lo que le ocasionó un dilema moral, que junto a su vieja compañera intravenosa le provoco el viaje al otro barrio. Realmente fue entonces cuando sus letras cobraron realismo y autenticidad, parecía que todo lo que cantaba era una especie de aviso de lo que sucedería y que entonces solo parecía la pose típica de la rock star marginal.
Nevermind fue un disco que impacto a toda una generación, y que todavía impacta a toda una generación, canciones perfectas como Smell like teen Spirit dan la sensación de estar echas para una generación perdida y que busca el timón en una canción de pop perfecta y rabiosa. El disco es redondo pilles por donde lo pilles, desde In bloom, hasta Something in the way, hacen de este disco el mejor y mas importante de la década de los 90.




