1 May, 2006, 1:25 pm

1982 – THE DAYS OF WINE AND ROSES, The Dream Syndicate

A principios de los ochenta surgió en California un movimiento llamado Paisley Underground. Lo componían varias bandas que rechazaban los sintetizadores por un sonido rockero más tradicional, admiraban los conceptos irritables y rotundos del punk y además sentían una gran nostalgia por la psychedelia. Si estos grupos hubiesen aparecido a finales de aquella década probablemente serí­an mucho más recordados, pero al hacerlo presos de un contexto dominado por multinacionales de éxito fácil y una juventud cada vez más idiota acabaron siendo devorados por las circunstancias.

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Dream Syndicate fue la formación que más destacó dentro de esta ideologí­a. Trasladaban el sonido neoyorquino de la Velvet a California para fusionarlo con el rock más cotidiano. Estas dos corrientes, la experimental y la tradicional, tenían tanta importancia en su forma de entender la música que sus conciertos podí­an ser o bien machetazos punk acelerados que acababan en media hora o verdaderos trippis lentificados que atacaban directamente a la psique. Es preciso destacar las admirables y penetrantes letras de su vocalista Steve Wynn, más conocido actualmente que cuando era un post-teenager. Y, cómo no, la imaginación de Precoda a la guitarra.

El disco básicamente combina todo lo anteriormente mencionado; Se abre con una soleada pero a la vez melancólica canción llamada Tell me when it’s over. Tiene acelerada rabia del 77 en temas como Then She Remembers o la fascinante The Days Of Wine and Roses. Justo cuando nuestro corazón parece que vaya a detonar ante tanta electricidad se presentan la tranquila Too Little Too Late o la divertida y distorsionada Until Lately.

Este trabajo influyó mucho a bandas australianas como The Scientists que, al exportar su trabajo a los Estates, sirvieron como antesala del grunge. Miembros de Sonic Youth y Mudhoney han reconocido más de una vez el cariño que sienten hacia este disco pero… ¿Quién no puede caer rendido ante esta maravilla? ¡Sólo la portada minimalista ya enamora!

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