A RENEWED INTEREST IN HAPPINESS, The Frank and Walters

The Frank & Walters, o lo que es lo mismo, la banda que todo el mundo debería adorar y que pocos conocen, han vuelto a ofrecer un precioso artilugio pop como los de sus inicios, después de aquel Glass [2000] en el que tantearon terrenos donde no acabaron de encajar y un largo paréntesis creativo. A Renewed Interest In Happiness, a parte de tener uno de los títulos más acertados de los últimos años, es un disco lleno del espíritu vitalista que la música pop ha perdido en los últimos tiempos, lleno de pegajosas melodÃas y de épica. Pero épica de la buena, no de esa que se usa ahora para duplicar las ventas. Me imagino a Morrissey dándose cabezazos contra las paredes del salón de su casa tras escuchar el arranque con Fight, CMon y Miles and Miles. Poco después aparece Lear To Love Myself, un apabullante medio tiempo que se sitúa a la altura de los mejores Echo & The Bunnymen. Hacía tiempo que no escuchaba algo similar y me sigo imaginando a Morrissey que a estas alturas ya debe haber atravesado la pared. De aquí al final la calidad no se rebaja. City Lights te agita, Guilty recuerda, con sus sintetizadores, los tiempos en los que Robert Smith se sacaba de la manga auténticas gemas pop y el cierre con Johnny Cash muestra a Paul Linehan en un registro hasta ahora desconocido rindiendo tributo al hombre de negro. El disco tiene un regalito después de una larga pausa que recupera la línea general del disco sin desmerecer. En 1993 alcanzaron un notable pero fugaz éxito con After All, y su actitud desde entonces no ha cambiado. Vieron como el tren del britpop se les escapó delante de las narices pero a ellos esto no les importó. Ahora construyen un disco extraordinario y sólo pueden editarlo en cuatro países, pero a cambio consiguen que Morrissey tenga que gastarse un buen dinero arreglando la casa. Larga vida a The Frank & Walters.



