ANDORRA, Caribou
El nuevo disco de Caribou es guay. Al menos es lo que yo entiendo como algo guay. No es pretencioso porque no pretende conseguir que los modernos alaben el sonido de las bocinas de barco, no es superficial porque no es conceptual (¿algo que objetar al respecto de esta aformación?), es de alcance minoritario porque en RDL nunca le dedicarian más de una breve reseña y una página suelta de esas del final y suena a siglo XXI, porque derrocha técnica actual, pero te hace pensar en los primeros 70, porque está lleno de referencias psicodélicas, guitarras invertidas y armonías vocales.

Y ahora, después de quedarme agusto con mi speech, ¿qué ofrece este Andorra? Ofrece 9 enormes canciones que son perfectamente independientes pero que forman un conjunto compacto gracias a compartir un espíritu común, el del gusto por la música. El gusto por escucharla sobretodo. Estamos ante un disco que no podría haberse creado de no ser por el maravilloso gusto por la música que tiene el señor Dan Snaith, la persona que se esconde bajo el nombre de Caribou. Como si de un disco accesible para el no iniciado de Tortoise se tratase, Andorra no se hace pesado pese a la larga duración de los temas porque en cada esquina presentan detalles embriagadores. Cuando termina una canción esperas ansioso la siguiente porque sabes que algo nuevo va a aportar al disco y nunca decepciona. Así, cuando llegas al final del disco, te sientes extasiado, agusto. Sabes que has pasado 45 minutos de tu vida que realmente han servido para algo y desearías no haber perdido los mismos 45 minutos escuchando el maldito disco de Björk con más fuerza si cabe.
A medio camino entre un día soleado y un viaje de LSD, Andorra presenta un buen puñado de canciones con nombre de mujer, canciones que recuerdan a Neu! o a Can, y canciones que a partir de ahora recordarán a Caribou. Uno de los momentos más brillantes de lo que llevamos de año.
- Publicar única



