Interpol + Blonde Redhead (La Riviera, Madrid, 8-11-07)
Con motivo del esperadÃsimo (aunque no tanto aclamado, al menos por la crÃtica) tercer álbum de Interpol, la banda neoyorquina presentó en Madrid su potente directo en la clásica Riviera (y su estética de polÃgono industrial) que pasa por ser, lamentablemente, el mejor recinto para conciertos de la ciudad.
Interpol volvÃan al escenario que les vió presentar Antics dos años atrás con un disco como estandarte, realmente mediocre, en el que quizá solo dos o tres temas parecen a la altura del que fue su demoledor disco de debut, Turn on the Bright Lighs, en 2002. VolvÃan, y lo hacÃan acompañados de un grupo al que sin duda se le quedó pequeño el estatus de teloneros, ya que Blonde Redhead merecen un cartel para ellos solos.
VenÃan a presentarnos 23, uno de los mejores discos de 2007, hecho este que nos hace plantearnos por qué deben ser teloneros de nadie, y más teniendo 6 discos a sus espaldas y 14 años de carrera.
Con media hora de retraso, con la impaciencia y también la ignorancia de gran parte del respetable presente (se escuchó decir en algún momento “¿quién son esos Blondie?”) por fin apareció en escena Kazu Makino, que brilló con luz propia y acalló inmediatamente las quejas sobre su desmesurado retardo.
Desde los primeros compases, se propusieron meterse al público en el bolsillo (aunque la mayorÃa estaban entregados al que era a priori el plato fuerte) y comenzaron con Dr. Strangeluv, de 23, trabajo en el que se centró la mayorÃa del escaso repertorio, ya que le siguieron Spring and by Summer Fall, The Dress, la excepcional 23 y SW. Tras estos cinco temas (la mitad del disco nuevo) nos demostraron por qué durante tantos años se les comparó con My Bloody Valentine, para terminar, puede que prematuramente con In Particular de su otro gran álbum, Melody of Certain Damaged Lemons.
Una ejecución excelente, a pesar de los evidentes problemas antes del inicio del concierto, una presencia espectacular y sobre todo una sensación extraña de insaciedad musical, ya que una banda asà necesita más de 50 minutos para demostrar su tremendo potencial.
Con cierto retraso sobre lo programado, aparecieron Paul Banks y los suyos, elegantes, con pose cuidada (consecuencia de MTV, por qué no decirlo), con su clásica actitud sobria y oscura, entre el clamor del público, para comenzar con uno de los temas salvables de su nuevo disco, Pioneer to the Falls, que terminó de conseguir la entrega total de los seguidores más incondicionales. A renglón seguido, presenciamos el éxtasis producido por la excelente Obstacle 1, uno de los clásicos de la banda, seguida por Narc, uno de los grandes temas de Antics, de 2005. Despues de semejante inicio, el concierto apuntaba a ser memorable, pero fue evidente, momentos después, que Our Love to Admire es un disco anodino, sin pegada, y las incusiones en el repertorio del show rompieron el altÃsimo ritmo con el que habÃan comenzado. La primera en hacerlo fue No I in Threesome, que aunque aceptablemente buena, no consigue mantener la linea del inicio. También estuvieron presentes All fired up (¿alguien dijo “I might be wrong“?), Rest My Chemistry, para lucimiento de Daniel Kessler, Mammoth, que sin duda suena mejor en disco que en directo y la experimental The Lighthouse que hizo que echáramos de menos a una de las grandes ausentes: Leif Erikson. La sobrevalorada C’Mere también estuvo presente en este momento de transición musical.
Para cicatrizar la brecha producida por los nuevos temas, sacaron la artillerÃa pesada con Heinrich Maneuver (nueva, pero ya un clásico), Evil, Say Hello to the Angels, Slow Hands, y por supuesto, Not Even Jail, para finalmente dar paso a los bises:
El primero de ellos fue una grata sorpresa, Hands Away, excepcionalmente ejecutada por Banks seguida de otro de los clásicos, Stella Was a Diver And She Was Always Down (quizá una de las mejores canciones sobre prostitutas con permiso de Roxanne) que tuvo un punto gris cuando un error en bloque hizo que toda la banda se desacompasara y estropearan uno de los grandes temas de la banda. Para terminar, uno de los innumerables cortes mÃticos de Interpol, PDA, que puso fin a un concierto excelente en cuanto a ejecución (al margen del error en Stella was a diver and she was always down) y demostró que Interpol es uno de los grandes grupos del momento en cuanto a pegada y poder de convocatoria, pero el relativo patinazo artÃstico de Our Love To Admire, que hizo que sobraran temas como All Fired Up, No I in threesome o The Lighthouse, y faltaran otros como Untitled, Obstacle 2, Roland, Leif erikson, Public Pervert, o Take You on a Cruise, da muestras de que en lo artÃstico estan en franco descenso.
En definitiva, nos quedamos con la impresión de que el momento idóneo para disfrutar de ellos fue en abril de hace dos años.




