2 December, 2007, 5:06 pm

1995 – OCEAN BEACH, Red House Painters

Mientras escucho tumbado sobre mi cama con la mirada fija en el techo ‘Summer Dress‘, el segundo corte del que suponía el tercer álbum de Red House Painters, no puedo sino dejarme llevar en oceanos de etéreos pensamientos. Resulta difícil no sentirse afectado por la belleza de la dulce cadencia de esta canción, que posiblemente sea la primera manifestación clara del poderío como cantautor de Mark Kozelek.

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Ocean Beach no es otra cosa que un disco hermosamente triste lleno de delicadas melodí­as, que supuso el primer trabajo prácticamente en solitario de Kozelek. Dejando atrás los sonidos más frí­os de sus inicios, aquellos discos que aún siendo fantásticos estaban más cerca de un slowcore para gente culta, este disco se situó más cerca de los postulados folk de Simon and Garfunkel y, sin dejar a un lado el riesgo, ofreció al mundo uno de los conjuntos de canciones más bellos de los 90. Lejos de ser un éxito de ventas, el disco pasó desapercibido para las masas aunque en los círculos más alternativos fuera considerado como una obra de culto casi desde el mismo momento de su edición.
Si algo destaca en todo el minutaje es la sensibilidad vocal de Kozelek que se muestra en estado puro y si bien en ‘Summer Dress‘ alcanza la grandeza, en cortes como ‘Brockwell Park‘, ‘Shadows‘ o ‘Moments‘ no queda a la zaga. Con una ténica más folky y una estructura más habitual, los 9 temas del disco escriben sobre la arena de una playa oceánica las lí­neas más intensas de la carrera de Mark Kozelek. Recordar este disco supone enfrentarse a la tristeza más profunda y elegir bien el momento en el que se debe escuchar Ocean Beach es un reto, pero cuando se acierta puede hacer que la forma de afrontar la vida cambie radicalmente. Música que deja poso, música de altos vuelos.

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