SIXES AND SEVENS, Adam Green
Cuando se presentó Adam Green en España, en Marzo de 2001 (fechas complicadas, hay que admitir), teloneando a Belle and Sebastian, nadie se lo esperaba. Desde luego, no la audiencia, que veía a un ex Moldy Peaches que iba de crooner poco creíble y hacía unos bailecitos muy raros pero muy divertidos. Ni Stuart Murdoch, que sólo era capaz de decir sorprendido “He was drunk at lunchtime!!”. Ni él mismo, que dudo yo que con la cantidad de alcohol que llevaba encima supiera ni quién era.
Pero de eso hace mucho ya, y no puedo evitar preguntarme si ha cambiado algo. Green sigue borracho, como demostró hace un par de días en la televisión alemana dando un espectáculo lamentable (pero, admitámoslo, muy televisivo) mientras aseguraba al entrevistador que “había superado su época con Black Sabbath”.
Y entonces llega su disco. Y me doy cuenta de que algo si que ha cambiado: Adam Green ha encontrado su sitio, el crooner ahora es creíble. Esa voz grave con orquestación de big band nos deja entrever que, al menos, sabe elegir sus arreglistas. No hay más que oír “Morning after midnight“, una joya de glam pop en dos minutos que por sí sola vale más que todo “Gemstones”.

También es verdad que, después de la reción ganada popularidad de Moldy Peaches (gracias a la película “Juno”), Green tenía que sacar un disco apto para todos los públicos. Y como en la variedad está el gusto, tenemos de todo, desde disco (“Twee Twee Dee”) a clones de “El Condor Pasa” de Simon & Garfunkel (“Getting laid”).
Es en las letras donde, una vez más, Green pincha. La sensación ante letras como “I finally grew a leg in Thailand/Marauding on a typhus flu” es un poco como la de uno de los últimos discos de Sabina: “Muy bonito, pero… ehm… ¿qué me estás intentando decir?”. Pero hay que reconocer que pocos artistas han sabido ampliar sus fronteras de esta manera últimamente. Que cunda el ejemplo. Pero diciendo algo.
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