1971 – ‘ A TRIBUTE TO JACK JOHNSON’ – Miles Davis
Desde el principio de su carreta, Miles Davis fue un personaje muy controvertido. Con él no hay termino medio: o le amas o le odias. Para unos es un genio sin discusión, un tipo que revolucionó el jazz y la música moderna en más de una ocasión, un virtuoso del no virtuosismo, del silencio y de la alusión. Para otros, Miles es un inútil, un tipo con una técnica muy pobre con la trompeta y con una visión compositiva nula pero que increíblemente consiguió tocar con los músicos adecuados en el momento oportuno. Para otros sólo es alguien al que nombrar para quedar bien en la típica conversación sobre música.
Sea como sea, su trompeta ha desarrollado siempre un papel protagonista en todas las vanguardias que provocaron verdaderos movimientos sísmicos en los cimientos del jazz desde 1945 hasta su muerte en 1991: el Bebop, el Cool Jazz, la Tercera Corriente, el Hard Bop, el Post Bop, el Jazz Funk, el Jazz Fusion y el Acid Jazz. Como su admirado Charlie Parker, consiguió armonizar las diferencias entre cultura blanca y cultura negra, y es uno de los pocos músicos de jazz que consiguió que le escuchara un público más allá del que supuestamente era el suyo. El rockero Fillmore West de San Francisco se rindió ante la grandeza y la magia de su música como se puede comprobar en el directo ‘Black Beauty’ y colosos de la talla de Duane Allman y Dickey Betts de The Allman Brothers Band, Santana o John Paul Jones de Led Zeppelin siempre le citaron como una de sus mayores influencias. Su trayectoria musical abarca casi 50 años y tres de las grandes revoluciones en el avance de la Historia del Jazz han salido de su mente: el Cool Jazz en 1949 (increíble ‘Birth Of The Cool’), el Jazz Modal en 1959 con la grabación del fundamental ‘Kind Of Blue’, y en 1969 la gran influencia que provocó en él Jimi Hendrix le hizo electrificar su banda y acercarse al Rock, lo que más tarde originaría el Jazz Fusion, el Jazz Funk y el Jazz Rock. Su estilo musical se basa en la ruptura de cualquier límite que pudiera encontrar en su camino. Como veis, no estamos hablando de un don nadie.
Para todos aquellos que deseáis introduciros en el Jazz pero que de momento encontráis cierta densidad en este estilo, quizá deberíais probar con la vertiente más rockera de nuestro amigo Miles. Para los que decís que no escucháis jazz porque no lo entendéis, deciros que no le busquéis tres pies al gato: aquí no hay nada que entender, sólo hay que escuchar y sentir. Para los que conozcan a Miles pero desconozcan esta etapa suya, no os lo penséis dos veces y lanzaos de cabeza a escuchar ‘Bitches Brew’, ‘Black Beauty’ o el disco que nos ocupa, ‘A Tribute To Jack Johnson’. Y para los que ya conozcáis todo esto que os cuenta quien escribe, pues a qué esperáis para pinchar una vez más un temazo como ‘Willie Nelson’!!!
El disco está dedicado al primer Campeón del Mundo de los Pesos Pesados negro, Jack Johnson. Este ganó su título frente a un boxeador blanco en 1915, pero poco después se lo quitaron por razones que hoy aún no han sido aclaradas. Jack Johnson se caracterizó como un luchador no sólo dentro del ring, sino también fuera de él. A principios del siglo pasado, no tuvo ningún tipo de miedo a presiones o represalias que pudiera acarrearle el ser de raza negra y no cerrar la boca ante las injusticias. Como ejemplo sirve la desafiante frase que cierra este disco: “Soy Jack Johnson, Campeón del Mundo de los Pesos Pesados. Soy negro y no me van a dejar que lo olvide. Soy negro, de acuerdo… tampoco dejará que ellos lo olviden“.
Es fácil de comprender que un tipo tan controvertido como Miles Davis se identificara claramente con el púgil, y tras el maravilloso ‘Bitches Brew‘ (1969), graba la música para un documental llamado ‘A Tribute To Jack Johnson’ La grabación de esta banda sonora tiene lugar en no más de cuatro o cinco sesiones entre Febrero y Junio de 1970, aunque lo que sería la espina dorsal del disco se grabó el 7 de Marzo del mismo año. El disco está formado por dos canciones editadas por el productor Tony Macero y el trompetista para que la duración de cada una coincidiera con cada cara de un vinilo, sobrepasando cada una los 25 minutos. Si bien encontramos ese halo de misterio y profundidad que impregnan todos los discos eléctricos de Miles Davis, es aquí donde quizá se hace más patente que nunca esa promesa suya de que “soy capaz de formar la mejor banda de Rock que hayáis oído jamás“.
La música que nos encontramos es poderosa y progresa de forma imparable y constante, como si del entrenamiento de un boxeador se tratara. Miles ofrece espacios para que sus músicos se expresen con total libertad, si bien las únicas directrices que le dio a John McLaughlin fueron que tocara la guitarra como si no supiera tocar y que se manifestara como lo haría Jimi Hendrix. La base rítmica formada por Billy Cobham (batería) y Michael Henderson (bajo) es simple y efectiva. Las líneas de bajo tienen un groove especialmente infeccioso porque Henderson no era un bajista de jazz como tal, él era un bajista Soul y Funky, acompañante habitual de gente como Aretha Franklin. Nadie del mundo del jazz haría algo tan simple y contundente. En los teclados encontramos a todo un Herbie Hancock que acabó grabando casi por casualidad: estaba de paso en el edificio visitando los estudios y literalmente le sentaron en el hammond. Al saxo tenor tenemos a Steve Grossman, poniendo su granito de arena a este desparrame sónico. Y en ‘Yesternow’ tenemos al guitarrista Sonny Sharrock, quien no recibe créditos oficiales en el álbum pero que junto a McLaughlin crea una telaraña de electricidad perfecta e impenetrable. Y a la trompeta está él, Mr. Davis.
Cabe añadir una anécdota: el día que se grabó las bases que más tarde se convertirían en ‘Right Off’, Miles llegaba tarde al estudio y el resto de la banda empezó a tocar mientras le esperaban, siguiendo a John McLaughlin. Poco antes convencieron a Hancock para que tocara con ellos un rato. A los dos minutos de empezar, Miles llegó y les encontró tocando. En lugar de cortarles, sacó su trompeta, entró en la cabina de grabación y empezó a tocar uno de los solos más impresionantes grabados por él, y eso no es poca cosa. En lugar de algo puro y técnico, Miles nos ofrece una explosión de pasión, vicio y suciedad, explora hasta convertir su solo en una auténtica demostración de poder descarnado. Algo memorable. Gracias a dios al avispado Toni Macero se le ocurrió estar grabando todo desde el principio.
Y bien, podría seguir escribiendo más y más sobre ‘A Tribute To Jack Johnson‘, pero lo mejor que puedo hacer ahora mismo es escucharlo de nuevo y volver a paladear esta música sin igual que se transciende a sí misma. Os recomiendo que lo localicéis y hagáis lo mismo: vuestros oídos lo agradecerán y vuestra alma será un poquito más rica.
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