Quien acudió a La Riviera lo hacía con ganas de ver más que un concierto de festival o bien con ganas de redimirse por no haberlo presenciado. A las 21:45 aparecieron Tim Booth, con muletas, y los suyos en la terrible sala madrileña (¿para cuándo una sala de conciertos decente en la capital?) y lo hacían quemando carburante de alto octanaje, presentándose con el primer himno de la noche, Born of Frustration, uno de los temas que no podían faltar, y que nos lanzaban casi a bocajarro. Venían dispuestos a paliar la movilidad limitada de Booth a golpe de repertorio histórico y para ello continuaron con uno de sus primeros éxitos: Come Home.
A partir de entonces, un concierto de presentación de disco rutinario. Temas nuevos, que dejan frío al respetable intercalados con singles coreados (James, ese grupo de singles), en este caso con Ring the Bells. Tras una insulsa Waterfall, el concierto encontró un punto de inflexión con Space, que dio paso a She’s a Star y a una de las grandes canciones de Hey Ma, I Wanna Go Home, que habría constituido uno de los momentos cumbre de la noche de no ser por temas como Out to get you, creando una atmósfera de las que, digamos, crean afición.
Sin embargo, James se empeñaron en meternos con calzador esos cortes insufribles, rompiendo parcialmente el encanto con Upside y la espantosa White Boy. Para paliarlo, tocaron su gran hit, canción que según palabras de Booth, se prometieron a sí mismos no tocar en todo el año. Hablamos por supuesto de Sit Down.
A partir de ahí, euforia desatada entre el público. Una inspiradísima ejecución de Sound seguida de una excelente Tomorrow dio paso a los bises, que se dejaban entrever.
Getting Away With It (All Messed Up) abría de nuevo la veda entre la locura general, parcialmente calmada con la dudosa incusión de Hey Ma en el repertorio de los bises, canción que, en cualquier caso, no sonó mal en absoluto. A partir de aquí, la mayor cota de intensidad, con Sometimes, y con La Riviera coreando durante 5 largos minutos. Pero aún quedaba el postre: Laid, su tema más frívolo y tabú, como colofón final, invasión de escenario incluída.
Una vez más, James demostraron que los años pasan, pero mantienen la forma y en el escenario demuestra por qué son quien son, tras una hora cincuenta minutos frenéticos. Sin embargo, tomemos como ejemplo a Pixies: Gira sí, nuevos temas que no aporten nada, no.



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