16 September, 2008, 11:37 am

AzkenaRock 2008 (4,5,6 septiembre, Vitoria-Gasteiz)

Justo cuando acaba el verano y empieza el invierno, ejerzo mi peregrinación anual a Vitoria. Es más, sus pinchos y copas de pacharán, son una excusa impagable para estar unos dí­as comiendo, paseando y escuchando buen rock and roll en la capital de Euskadi. Volver a esta ciudad es una desintoxicación veraniega, previa a las giras de clubes que suelen hacer los grupos. Ya no hay macrofestivales en el horizonte, ahora sí lo nos queda refugiarnos en un bar, cual ermitaño, esperando escuchar esa música que tanto nos gusta.

Cada uno de los festivales que se organizan, año tras año, tienen una temática bien concreta. Benicassim se dedica al pop, ViñaRock al rock en castellano o el agonizante Festimad intenta hacer resurgir los sonidos metálicos más actuales. En cambio, el Azkena parece abocado a remover el pasado con la presentación de grupos que fueron grandes, muy grandes, y que vuelven en buena forma (a excepción Evan Dando y sus funestos The Lemonheads, que ya comentaremos más adelante). Decir de antemano, que de las 16 bandas que tocaron en el escenario grande, 12 de ellas eran viejas glorias del pasado, lo cual no les quita mérito, ya que mantenerse en plena forma tras tantos años en la carrera, tiene un valor extra.

El pistoletazo de salida lo dio Lagartija Nick, que consiguió acercar a las primeras filas a los asistentes más madrugadores. Practicaron un pop con tintes metálicos que les acerca a los puestos de cabeza, en cuestión de calidad, pero que les sobra algo de monótona en las canciones, para convertirse en un auténtico Mihura de la escena nacional. Temas como ‘Nuevo Harlem’, ‘Esa extraña inercia (anfetamina)‘ o ‘Universal’ sonaron fuerte, muy fuerte, siendo a ratos molesto para los oídos, caso que se repitió con la casi totalidad de grupos que tocaron en la carpa pequeña. Los granadinos presentaron la reedición de su clásico ‘Inercia’, tocándolo en su totalidad.

Hayseed Dixie no pasaron de ser una broma de buen gusto. La idea de convertir a unos redneck en unos genios del speed-folk con canciones como ‘TNT’ de ACDC o ‘I Don’t Feel Like Dancin’ de Scissor Sisters, tienen gracia en una primera escucha, pero a la cuarta canción, esperas algo más de cuatro tarados en vaqueros, cantando canciones como si de un karaoke country se tratara. Fue un buen momento para ir a cenar algo.

Marky Ramone y sus mercenarios, apellidados Ramone para la ocasión, no sorprendieron a nadie. Tampoco lo pretendían, simplemente se dedicaron a tocar tal cual fueron compuestos originalmente, himnos como ‘Pet Sematary’, ‘Sheena is a Punk Rocker‘ o el coreadísimo ‘Blitzkrieg Bop’. El hecho de retomar su viejo trabajo a la batería y juntar a tres fans de tu banda no tiene nada que ver con el carisma de los componente originales. Tres impostores no pueden resucitar el espíritu de Joey, Dee Dee y Johnny. No existe peor cadáver que el que intenta volver de entre los muertos.

El gran momento del primer día iba a venir con los resucitados The Lemonheads. Tras nueve años de inactividad y olvido, volvieron el año pasado con un trabajo en donde recogían lo que fueron. Todo parecí­a estar donde estuvo, melodías pop junto a la sosegada forma de cantar de Evan Dando. Nada nuevo sobre el horizonte. El problema vino a la hora de defender estas canciones sobre un escenario. Un sonido pésimo y el truco de las guitarras distorsionadas hasta la saciedad, no bastaron para que Evan Dando hiciera el más sonoro ridí­culo sobre el escenario. Todo ello junto a constantes faltas de respeto al público que intentaba responder con obediencia a la banda australiana, pero llegado un momento, gritos de: “¡¡Fuera, fuera!!” Hicieron desaparecer a gran parte de la audiencia. Repasaron, con insistencia, el repertorio de sus trabajos publicados en los primeros años 90, con ‘It’s a Shame About Ray’ y ‘Come on Feel the Lemonheads’, como banderines de enganche. Pero donde realmente el concierto tomó tintes vergonzosos, fue cuando Evan Dando engañó a Gary Louris (The Jayhawks) para que se subiera al escenario para destrozar una inteligible, por desastrosa, ‘Mrs. Robinson’ (si la pobre levantara la cabeza…).

El segundo día amenazaba lluvia torrencial. Un cielo gris tapaba Vitoria mientras los acordes de Hanoi Rocks hací­an que saliera el sol. Sobre todo por el carisma desplegado por Andy McCoy y un lesionado Michael Monroe. No era cuestión de hacerse la ví­ctima, pero el rubio cantante dio una lección magistral de cómo subirse a las torres del escenario, correr por el foso o hacer el espagat (apertura de piernas 180º) sobre el suelo, cual atleta de gimnasia en las pasadas olimpiadas. Todo ello, llevando unas muletas por el backstage. No faltaron clásicos de la talla de ‘Tragedy’ o ‘Hypermobile’, se echó de menos la presentación de más temas de su último trabajo ‘Street Poetry’. Pero que demonios, esto es un festival y aquí­ se viene a disfrutar con el pasado. O sino que se lo digan a los Sex Pistols.

El gran triunfador para el público masivo fue Danko Jones, con declaración de amor por la horchata incluida (momento freak de la tarde). Era la presentación de su último disco, ‘Never Too Loud’, un trabajo mucho más duro que los antedecesores. Al igual que en este disco en donde colabora John García ex-Kyuss, el trí­o canadiense homenajeó a la mí­tica banda californiana con ‘Catamarán’ de su trabajo ‘And The Circus Leaves Town’.

La noche se presentaba calientita. Los Sex Pistols eran los siguientes en poner al público a prueba. Lo han hecho toda su carrera, desde que comenzaron lanzando proclamas anarquistas en la oscura Inglaterra de Isabel II, hasta que volvieron a los escenarios “solamente por el dinero“. Debutar en Vitoria con un: “Hola España…”, es querer hacer muy pocos amigos, por lo que el primer abucheo pareció lógico, a lo que Mr. Rotten continuó con la réplica: “I said Viva España!”. Llevábamos una escasa media hora escuchando himnos como ‘Pretty Vacant’, ‘Seventeen’ o ‘No Fun’, mientras miles de guí­as azkenianas caían sobre el escenario, minis de cerveza volaron nuestras cabezas. Daba la sensación de estar en un club londinense, hasta que un desaprensivo lanzó un teléfono móvil que impactó en la cara de Johnny Rotten. Tras una ristra de insultos de difícil comprensión, dedicados a la madre del lanzador o a su poca valentía para subir al escenario a recoger el artilugio. En ese mismo momento, el concierto se terminó. La locura inicial convirtió a la audiencia en una pequeña balsa de aceite que rendida a los pies de los Pistols no hicieron más que corear el resto de canciones como ‘Anarchy in the UK’ o ‘God Save The Queen’.

He de reconocer que vi a gente llorar durante el concierto de Blind Melon. Otros, simplemente se emocionaron. El resto, admiramos boquiabiertos la clase demostrada sobre el escenario por los cuatro supervivientes de los años 90, junto a Travis Warren que ejerce perfectamente con el papel asignado. Con un set-list dedicado ampliamente a los grandes éxitos (el festival lo demandaba), tenían al público entregado desde que comenzaron con ‘2×4′, ‘I Wonder’ y ‘Soup’. El resto de canciones fue una selección de lo mejor de sus tres primeros trabajos, que puestos en las cuerdas vocales de Travis ganaron sobre el escenario, ya que en directo posee unas armonías mucho menos vísperas que las del fallecido Shannon Hoon. Sobre todo se hizo notar en las canciones más actuales como ‘Hypnotize’, ‘Down On the Pharmacy’ o ‘For My Friends’. Un show mágico, que será recordado como uno de los grandes momentos de la historia del festival.

The Quireboys lo tuvieron todo para triunfar. Con un rock deudor de los Stones-Faces, un líder que parece una mezcla en el mejor Rod Stewart y Chris Robinson, convencieron en la clausura del segundo dí­a. Centraron su repertorio en sus dos primeros trabajos, con canciones como “7 O’clock“, “Hey You“, “Tramps and Thieves” o la balada “I don’t love you anymore”. No era lugar para despejar dudas sobre su nuevo disco, recién puesto en las tiendas, aunque a pesar de la novedad, pudimos escuchar “Louder“o “Mona Lisa Smile”. Un medio tiempo, muy en la onda de lo que hizo Rod Stewart en 1971 con “Maggie May” en su trabajo “Every Picture Tells A Story”. A diferencia del dí­a anterior, aquí­ los encargados de cerrar la noche fueron bien recibidos, al igual que ellos nos trataban a nosotros, a pesar de la fina lluvia que empezaba a caer sobre nosotros.

Sex Museum nos quitó las legañas de golpe. Por fin el sonido Malasaña llegó a Vitoria, abriendo boca con una pequeña racién de garaje madrileño. Presentaron su recopilatorio “Fifteen Hits That Never Were”, tocándolo prácticamente entero, aprovechando los escasos 45 minutos que la organización les brindó. ésta es una banda que va sobre seguro, no hay trampa ni cartón. Marta Ruiz y los hermanos Pardo llevan muchos años sobre los escenarios y cada uno de sus pasos son en firme. Canciones como “Flying High” o “Red Ones” hicieron que las primeras filas se volvieran locas, mientras el resto de espectadores, contemplaban con la boca abierta, esperando que en algún momento de este invierno, la banda venga a su ciudad y poder verles de cerca.

En los ratos libres que le deja sus bandas “oficiales”, Duff McKagan (brillante bajista de la época dorada de Guns And Roses) edita sus propias canciones junto a una banda a la que ha llamado Loaded. El hecho de haber participado en una de las más grandes bandas de la historia no lleva implácito que seas un gran cantante y compositor, muchas de las veces ese mérito viene por la interacción con los compañeros con los que compartes local de ensayo. Tanto en disco, como en directo, a este “experimento” le falta algo fundamental para triunfar, y esto son buenas canciones y un cantante que no berree. Pase que su cantante tenga un currículum de matrí­cula de honor, pero en su nueva banda, no llega al límite exigido. Solamente la punkie “Seattlehead” y las versiones de Neurotic Outsiders (“Good News”) y Guns And Roses (“Dust And Bone”. “It’s so Easy”), hicieron animar al público. El resto de canciones, provenientes en su mayorí­a de su último trabajo “Wasted Heart”, mantenían a la audiencia expectante, mostrando poco interés. El punto álgido vino al final con una versión apocalíptica de “I wanna be your dog”. Fue el momento reivindicativo en clave Stooges.

The Gutter Twins ya demostraron en su gira europea que la alianza entre Gregg Dulli y Mark Lanegan fue una de las mejores noticias que podí­amos haber escuchado en los últimos años. Los líderes de Afghan Wigs y Screaming Trees, respectivamente, juntos en un estudio, mano a mano. Esta unión ha dado uno de los mejores discos del año, y de la década si alguien me lo permite decir. Cuando la oscuridad y la melancolí­a se dan la mano, es el sitio donde duermen estos dos héroes de los años 90, que han sabido madurar hasta la actualidad. Tocaron casi la totalidad de su trabajo “Saturnalia” a los que añadieron varios obsequios, como “Hit the city” de Mark Lanegan en solitario. El toque final fue “Front Street”, un regalo para los sentidos, con Dulli paseándose emocionado por el escenario como si de un cantante de soul se tratara, caminando por detrás de Mr. Lanegan que ni se inmutaba en su eterna pose vampí­rica, ejerciendo los tonos graves, que apenas se entienden, pero que calan bien hondo.



The Jayhawks
era una realidad. Comenzaron con “Wichita”, y a la segunda de cambio nos cedieron “I’d run away”. Esta gente lo tuvo todo para triunfar por todo lo alto, pero la miel se les quedó en los labios, por lo que los buscadores de grupos los adoptamos como nuestro grupo de culto particular. Consiguieron, antes que Wilco, hacer comercial la palabra “country”, maldita para todo roquero que se precie. Lo conquistó Neil Young con nuestros padres en los años 60-70, pero en la actualidad fueron ellos los que pusieron las bases para eso llamado “americana” y que muchos no nos ruborizáramos al escuchar un lap/steel-guitar dentro de una canción. Durante el show sonaron canciones como “Waiting for the sun”, “Red Light” o “Like rain“. Dejaron para el final gran parte del repertorio de su alabadí­simo trabajo “Tomorrow The Green Grass”con “Blue”,”Bad Time” y “Miss Williams Guitar”. Éste fue uno de los conciertos más placenteros y bonitos a los que he asistido en mucho tiempo y he de reconocer que verlos tumbado en la hierba se disfruta más.

Los Lobos nos hicieron disfrutar del salvaje desierto fronterizo entre México y Estados Unidos. Ese desierto de blues, rancheras y algo de psicodelia que llegó a su cúlmen con la balada “Volveré o ese bis, en contra de la organización, muy a pesar de los gritos de un público entregado, en donde versionaron “Cinnamon Girl” originalmente compuesta por Neil Young.

Vitoria y más en concreto el Azkena, es la peregrinación anual a la música para muchas personas. Zambullirse en los conciertos es lo más maravilloso que le puede ocurrir a un melómano (Adj. y s. Apasionado por la música: los melómanos suelen gastar mucho dinero en discos). Descubrir nuevas bandas, ver a gente que es como tú, que tiene las mismas pasiones. Aquí­ no abundan chavales deseando cogerse la próxima borrachera escuchando rock and roll. Aquí la gran mayoría vienen por las bandas, por revivir esos momentos musicales que tan felices nos hacen en casa, el bar, el autobús / metro e incluso paseando por la calle. Si siguen por esta senda, volveremos. Ahora sólo falta que tú te decidas a disfrutar con nosotros.

Fotos:LastTour