17 September, 2008, 2:46 pm

ENTREVISTA: Rachel Arieff, la mujer Anti-karaoke

Curtida en cientos de escenarios de Nueva York. Rachel Arieff, presenta su obra de teatro “Cómo ser feliz todo el tiempo”. Una obra en donde, como si de un fresco personal se tratara, nos habla de sus años en el underground neoyorquino, el sexo, la religión, Hollywood y algún personaje casposo patrio. En España llegó directa a Barcelona, pero el boca a boca de su espectáculo Anti-Karaoke, le ha llevado a la sala Garibaldi de Madrid los próximos 26 de Septiembre, 31 de Octubre y 28 de Noviembre. Sin olvidar que es en la sala Sidecar de la ciudad condal donde reside cada lunes con el Anti-Karaoke y en el Teatro Llantiol en donde se convierte en un cruce entre Lenny Bruce y Doris Day para sacudir las conciencias de sus espectadores.

-Provienes de EE.UU. Has tenido problemas en ese país al reí­rte de la iglesia, gobierno o de los propios norteamericanos. Cómo reciben ellos tu humor.

Nunca he tenido problemas tratando temas tabú en EE.UU., ya que me formé en teatros alternativos de NYC, y no en la carretera como lo hacen muchos cómicos, actuando en clubs en pueblos de paletos. Varios compañeros han aguantado agresiones durante sus shows, ocurre todo el tiempo. Por ejemplo, poco después de empezar la guerra con Irak, un colega mí­o, Patton Oswalt, estaba de gira y en un club de la América profunda le tiraron botellas de cerveza porque se burlaba del presidente George Bush. Hay paletos en todos los países democráticos que no entienden que es la libertad de expresión.

Foto: Jorge Alvariño


-No eres la tí­pica cómica de “stand-up comedy”, como podría ser Seinfeld o El Club de la Comedia en España. ¿Qué parte de espectáculo cabaretero incorporas a tu show?

Mi show consiste en monólogos que tratan historias personales, opiniones y análisis de temas tan diversos como la inmigración, la religión, la pornografí­a, el suicidio, España visto por mis ojos extranjeros, hasta la depilación del coño.

-Existen diferencias entre el humor de España con el de EEUU.

Aquí­ existe un más humor en plan “ji-ji, ja-ja”, y menos humor provocador y crí­tico con la sociedad o la cultura. En mis shows, la mayoría de la audiencia viene sabiendo qué espera de mí­. Saben que será un humor ácido y crítico, por lo que conectan fácilmente conmigo.

-Has tenido que adaptar tu espectáculo al humor español. Incluyes personajes nacionales a las historias que cuentas.

Nunca he tenido que adaptar mi espectáculo a cualquier condición cultural de aquí­, excepto el idioma. Cuando empiezas adaptando lo que haces a otro estilo de humor no eres nadie. Un artista no es un camaleón. Un artista tiene un estilo, una voz única y un punto de vista original, y eso va cambiando según las condiciones de vida. Ningún artista de verdad cambia lo que hace para adaptarse a una nueva cultura o a la sociedad.

Foto: Jorge Alvariño

Incluyo personajes nacionales en mi espectáculo que me interesan. Por ejemplo, estoy obsesionada con la Duquesa de Alba, entonces hablo de ella en mi espectáculo.

-Hasta que punto es real la interactividad con el público. Te replican tus comentarios. O entran en discusión contigo.

La interactividad depende del público, que es distinto cada noche. Si viene gente que no saben comportarse en un teatro y hablan constantemente en voz alta, les pongo en su sitio. A veces no se dan cuenta de que están molestando. Ha habido gente que discute, pero son muy pocos, a menudo han estado borrachos y no eran muy inteligentes, y también les tengo que poner en su sitio porque si no, estropearán el show para todos los demás.

-A alguno de ellos les han sentado mal tus comentarios . O siempre se ríen.

No todos se ríen. Cada persona tiene su propio universo, y naturalmente chocan muchas veces. Mientras no haya agresión, no pasa nada. Si una persona se ofende por lo que digo, está en su derecho a aguantarlo con cara de asco, o levantarse e irse, como lo hizo en un grupo de señoras con pinta del Opus Dei mientras hací­a un monólogo sobre la religión, durante un show en San Sebastián. Yo respeto su opinión, y ellas también demostraron respeto por la mí­a, al simplemente irse sin crear ningún problema.

No espero que a todos les guste mi humor, eso serí­a una meta absurda para cualquier clase de artista. Como dice el refrán, “No puedes complacer a todo el mundo“. El momento en que intentas hacer eso, ya lo has perdido todo, ya no eres artista. Desde luego, si quieres ser cómico y tienes miedo de ofender, has elegido la profesión equivocada. De hecho, todo el humor ofende a alguien. Se puede ofender, incluso se puede discutir, pero en una sociedad libre y democrática, nunca es aceptable responder a ideas con la violencia. Lo que pasó con Leo Bassi en el Teatro Alfil de Madrid no sólo era una ofensa a sus derechos humanos fundamentales, sino que era una amenaza contra la base de la sociedad libre en que vivimos, y una ofensa contra todos los que valoramos la libertad. Si no te gustan las ideas que alguien expresa, la manera de pelear es con más ideas, no con la agresión física. Cuando reemplazamos el debate con violencia, es el fin de la civilización.


-¿Existe relación alguna entre el
Anti-Karaoke y “Cómo ser feliz todo el tiempo“? Es uno continuación del otro. O se complementan.

Los espectáculos se complementan porque los dos son divertidos y transgresores con un punto de mi humor, pero no tienen nada que ver. Anti-Karaoke se me ocurrió después de idear mi show de comedia, que ya llevaba años haciendo.

Foto:Sergi Fornols

-Son los karaokes en EEUU como tu show de Anti-Karaoke.

No hay ningún show en EE.UU. que sea como Anti-Karaoke. Es algo que sucedió orgánicamente en Barcelona, con la gente de España. Pero desde luego en EE.UU. hay gente creativa que hace cosas interesantes con el formato de karaoke, aunque no sea como Anti-Karaoke.

-¿Existe algún lí­mite en el Anti-karaoke? O todo vale.

No todo vale en Anti-Karaoke. El lí­mite existe dentro de cada persona que sube a actuar, y ese lí­mite consiste en si deciden entregarse al cien por cien o no. En este show, lo que no importa es la aptitud, sino la actitud. Lo importante no es que tengas una buena voz, sino que “rockees con los materiales disponibles“, que lo des todo con lo que tienes que ofrecer.

Hay una responsabilidad allí­, porque hay cientos de personas mirándote y esperando algo bueno de ti. Tienes que darles un buen show. También hay la responsabilidad contigo mismo de hacerlo lo mejor que puedas. Porque si no te aprovechas para crear magia en un ambiente tan extraordinariamente acogedor, excitante e inspirador como este show, ¿cuándo lo haré¡s en la vida?

-Cómo reciben los chicos tus provocaciones. Sobre todo por el hecho de ser una chica.

Lo que hago en ambos shows es dar entretenimiento espontáneo con todo lo que tengo. No se trata de “provocar” por mi parte, aunque puede haber gente que lo vean como una “provocación”. Lo que noto es que hay gente, hombres y mujeres a quien les gusta lo que hago, y a otros no. Cada persona viene a mis shows con su mundo interior y su pelí­cula personal. Al final, su reacción no responsabilidad mí­a.

-¿Y las chicas? Reaccionan igual que los chicos.

Lo que noto es que a muchas de las chicas les gusta ver a una mujer poderosa en un escenario, dándolo todo sin ningún tipo de vergüenza, o pudor y sin tener que pedir perdón a nadie. A mí también me gusta ver eso en las actuaciones de mujeres.

Foto: Jorge Alvariño

-Es el antikaraoke el cúlmen de la democracia. ¿Somos todos iguales sobre el escenario? ¿Aunque hagan el ridí­culo en el escenario?

Fuck No! En el fondo, todo se reduce a la valentía. Puedes tener una voz horrorosa, pero si el público ve que está¡s haciendo lo mejor que puedas, nadie pensará que está¡s haciendo el ridí­culo. Hay mucha diferencia entre una limitación real, y la intención de fracasar. Los que hacen el ridí­culo es porque no tienen los cojones para entregarse y ser genuinos para la audiencia. Tienen miedo al fracaso y al rechazo, entonces lo más fácil es esconderse detrás de una actitud de “no me importa un huevo este show y este público” y fracasan a propósito -cosa que cualquier adolescente inmaduro hace todo el tiempo. Eso es cobardía, pura y dura. Es mucho más valiente exponerse a 600 personas a pesar del miedo que tienes, mostrarte vulnerable y dejarles ver que estáis dando tu máximo esfuerzo.

En este show hay buena fe por parte del público. Nadie viene a reí­rse de los que actúan o a sentirse por superiores; realmente aprecian a los que actúan… mientras ellos corresponden con una entrega genuina. Cuando un performer no da eso, está incumpliendo un acuerdo establecido en este show entre performers y público, y ahí­ es cuando el público se vuelve en contra. Es la única vez en que escucharé¡s abucheos por parte de la audiencia. Pasa muy pocas veces, pero cuando pasa, el público siempre reacciona igual. Incluso en el festival de Azkena, donde nunca antes habí­amos hecho el show, salió un tío para hacer el ridí­culo en frente de miles de personas, y no sólo le abuchearon, sino que le tiraron cervezas y botellas. Es un tema de respeto mutuo, y sentí­an que ese tí­o estaba violando su confianza.


-¿Es “casposo” tu antikaraoke? Alguien podrí­a cantar ‘Vivir así­, es morir de amor’ de Camilo Sesto o ‘Cadilac Solitario’ de Loquillo.

No. Entre el repertorio de 500 canciones, tenemos algunos temas kitschy, pero ni quemados ni casposos. Irí­a en contra de nuestra ética de lo mejor, siempre.

-Alguno de los participantes del AntiKaraoke son “cantantes profesionales”. ¿Lo hacen mejor o peor que los originales?

Tendrí­amos que definir que es lo “mejor“. ¿Cantar todos los tonos correctamente? ¿Comunicar directamente con el público y hacer sentir a cada uno como si le cantases solo para él/la? ¿Dar un performance excitante con una energí­a contagiosa? ¿Inspirarles por tu ejemplo personal, teniendo los límites que tienes?

Luego, que sea mejor o peor que los originales es irrelevante, porque el propósito del show es reanimar o reinterpretar los clá¡sicos, no imitarlos. Imitación es un proceso mecánico, muerto, sin ningún alma. ¿Para qué querí­amos copiar exactamente como el cantante original lo hizo? Lo divertido es aportar lo nuestro, darle otro color, otra personalidad, otra vida. Ni mejor, ni peor que el original, sino totalmente distinto.

Es verdad que aquí acuden algunos cantantes profesionales, pero nunca son los favoritos del público. Hay cantantes profesionales que cantan bien pero son aburridos en el escenario. Hay algunos que cantan bien y son excitantes actuando¦ pero tampoco acaban ganándose al público tanto como un amateur, que no tiene la imagen de rockstar, o la voz de cantante, pero se dejan la piel en el escenario. Esta clase de personas se meten al público en el bolsillo, más que cualquier otro, porque el ser humano siempre aprecia el drama, la lucha, el desafí­o, y el heroísmo.

Foto: Sergio del Río

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