12 November, 2008, 3:47 pm

Extreme (31/10/08 – La Riviera, Madrid)

Hay muchas maneras de volver a los escenarios y presentarse como lo que fuiste hace años. Unos lo intentan con un insulso y descafeinado recopilatorio, que sirve de excusa para recorrerse medio mundo “haciendo caja. Otros, simplemente resucitan como una aparición mariana en mitad de la noche, provocando más vergüenza ajena que respeto. El mérito está en hacerlo con un disco por delante, dejando para el pasado las ataduras naturales, que se convirtieron en single de platino e hicieron que miles (millones) de personas te tuvieran respeto.

Han tenido que transcurrir trece años para recibir la noticia de que Extreme sacaba un nuevo trabajo, titulado “Saudades de Rock“, continuación natural de “Waiting for the Punchline“. El miedo podrí­a haber recorrido nuestro cuerpo, ya que varias vueltas a los escenarios han rozado el ridí­culo, tomemos por ejemplo a unos caducos Héroes del Silencio, Lemonheads o un decrépito Marky Ramone arrastrándose por las tablas recordando tiempos pretéritos.

Los autores de “More than words” y “Get the funk out” pretendí­an que volviéramos la vista atrás para disfrutar con sus canciones. Lo cierto es que no fue complicado, ya que su nuevo trabajo está plagado de hits, como “Comfortably Dumb“, canción que eligieron para abrir el concierto. A esta les siguieron “Decadence dance” e “It’s a monster” de su trabajo “Extreme II: Pornografitti“, publicado el año 1990; para dar paso a los violines de “Rest in peace“, del año 1992 en “III Sides to Every Story“. Una prueba de la potencia y velocidad a la que tocaban sus canciones, fue el hecho de que tardaron veinticinco minutos en dirigirse al público con el tí­pico: “Good night Madrid“. Tras dar un repaso a tres de sus trabajos más valorados, volvieron sobre su último disco, ya que en el fondo era lo que venían a presentar, por lo que tras tomar algo de oxí­geno, nos dispararon a la cabeza con “Star“, un digno homenaje a sus queridos Queen.

Todos los grupos tienen un número limitado de discos de donde sacan el 90% del repertorio. Dejando para momentos puntuales sus canciones más desconocidas. Étas, suelen recogerse en un mix de una duración aproximada de cinco minutos, en donde se quitan de en medio una parte de sus temas. Aquí­ le tocó el turno a su primer y homónimo trabajo, de donde rescataron “Kid ego“, “Little girls“, “Teacher’s pet” y “Play With me“. Todas ellas, bien mezcladitas entre si, y a otra cosa.

No hay show de Extreme que se precie sin demostración de cómo tocar doscientas notas por minuto. Es la esencia de todo concierto heavy-rock, desde los años de Van Halen, hasta los actuales Dream Theater o Metallica. Los riffs y punteos acelerados son marca de la casa. Por lo que cuando se está delante de un guitarrista de la talla de Nuno Bettencourt, no queda más remedio que sentarse a mirar deslumbrado. “Flight of the wounded bumblebee” es, probablemente, su canción más conocida, donde la velocidad se da la mano con la melodía. Y no solamente lo demuestra con la guitarra eléctrica, ya que es capaz de hacer lo mismo con una acústica, y para muestra “Midnight express“, que dio paso a una caduca “More than words“, reconvertida en un inmenso karaoke, por fortuna de la banda, la cual recibió este balón de oxí­geno con toda la alegría posible, ya que tras tocar la misma canción durante dieciséis años se notaba, que lo que realmente deseaban era enfundarse la guitarra eléctrica y tocar “Cupid’s dead“.

De aquí, se llegó al final de la primera parte, con “Get the funk out“, un auténtico hit, que acabó por rematar a los espectadores, que llevaban una hora y media saltando y bailando. Todo ello apoyado por Gary Cherone, que no paró de correr por todo el escenario, como si estuviera dando un concierto en Wembley. No hay punto medio cuando lo que se quiere es divertir a la audiencia. Aquí­ fue donde acabó la primera parte del concierto.

Unos minutos después de tomar algo de aire. Volvieron al escenario para regalarnos dos bises, el primero fue “Am I ever gonna change“. La segunda parte de la mini suite con la que cerraban su tercer trabajo “III Sides to Every Story“. Un tema de siete minutos, lleno de matices con comienzo tranquilo, con la voz de Cherone cantando muy sereno, pero que poco a poco va entrando en un dinámica rockera, que finaliza con uno de los mejores solos de Nuno, donde vuelve a demostrar que el alma de la banda es él.

Por desgracia, la canción elegida para el final del concierto fue “Hole hearted“. Una canción acústica que no hace justicia a lo vivido esa noche. El público se merecí­a acabar con una traca de funk rock en toda regla. Aunque no fue triste el final, ya que lo visto esa noche fue suficiente para comprender que los “cadá¡veres” a veces pueden oler a rosas, pudiendo tener una vuelta a la vida más que digna. Sobre todo si lo hacen con un disco bajo el brazo.

Extreme-Rest in Peace

Extreme-Am I Ever Gonna Change

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