CHRIS ECKMAN, CUCHILLO y SLEEPINGDOG (20/02/09 Centro Cultural Lugaritz, San Sebastián)
Cita triple en el San Sebastián. Chris Eckman (The Walkabouts) era el nombre grande en un cartel variopinto en el que el nexo de unión era la oscuridad, concebida de diferentes formas pero oscuridad en definitiva.
La velada comenzó con Sleepingdog, el proyecto de la holandesa afincada en Bélgica Chantal Acda. Apareció acompañada en la percusión por el miembro Adam Wiltzie de Stars of The Lid, todo un lujo. El chico se dedico a demostrar cómo deben incluirse las percusiones en una propuesta tan intimista como la de Sleepindog, y de vez en cuando echaba mano a su guitarra para introducir algunos efectos ambientales, muy del estilo de su banda. Pero el centro de atención era Chantal Acda. La joven está un poco limitada vocalmente pero hasta donde llega, llega de forma encantadora. Además sabe jugar muy bien sus bazas y supo aprovechar el sepulcral respeto del público, llegando incluso a interpretar una canción sin directamente hacia la sala, sin utilizar el micro. Sleepindog sonaron cercanos y adorables. Además fueron muy simpáticos. Toda una sorpresa. [Hay material de la banda en Spotify]

Tras la delicadeza de los de las tierras bajas, llego el torrente psicodélico del dúo Cuchillo. El 2008 ha sido para ellos un año importante, pues su disco ha sido bien recibido por la crítica especializada del país, y por alguna publicación de fuera también. Desplegaron todo un manual de psicodelia añeja, con un discurso muy oscuro, en el que despuntó algún momento breve de luminosidad. Tan sólo se les puede achacar una excesiva contundencia en la parte rítmica, puede que fuera problema de la sala, pero la rabia con la que se golpean los tambores y platos en sus canciones taparon un poco el trabajo de la otra mitad del combo. Sorprendente su habilidad para construir los temas grabándo loops en el comienzo de cada uno. Hubo momentos de gran intensidad y fiereza y otros que fueron algo repetitivos. Cumplieron pero no triunfaron, aunque mostraron que hay que tenerlos en cuenta para el futuro, pese a que su proyecto raramente llegará a salir de un ámbito minoritario (creo que ellos ya lo saben de todos modos).

Y para acabar, Chris Eckman apareció solo en el escenario acompañado de una guitarra acústica que hizo sonar como pocos pueden hacer. Demostro un dominio casi excesivo del instrumento. Su voz profunda desgrano unos cuantos temas de su amplia carrera. Se centró en las canciones de su último disco en solitario, del que comentó que está basado en el poemario de un clásico de la literatura eslovena, e intercaló algunos temas antiguos, incluyendo a The Walkabouts. Sin embargo dejo un sabor amargo pues su actuación fue corta en exceso. Quizá el esperaba que se le peidieran más canciones pero el verlo salir tan pronto hizo que el público se quedara algo parado y se resignó saliendo de la sala. Pero a pesar de eso, Eckman demostró ser el gran maldito que es, uno de esos nombres que siempre han sido más de lo que se les ha reconocido.

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