28 April, 2009, 12:14 pm

Nacho Vegas y la Auténtica Trama Asturiana (24/04/09, Teatro Colón, A Coruña)

Nacho Vegas se está convirtiendo en un chico formal. Y como tal hizo su aparición con puntualidad asturiana en el coruñés teatro Colón para presentar su último trabajo, “El Manifiesto Desastre”. Cabizbajo, copa en mano y con unos kilos de más (posiblemente fruto del pacto antidroga con la rosenvigiana niña de sus ojos), Vegas se presentó ante un público enfervorecido al que le costó mantenerse quieto en sus asientos al verlo aparecer en el escenario.

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Reforzado por un acompañamiento musical tan talentoso como eficaz, y sin mediar palabra, Nacho empezó a desgranar la oscura intensidad de sus letras con una voz potente que no defraudó. Como viene siendo habitual, “La Plaza de la soledá” fue el tema escogido para abrir el concierto, introduciendo a un público ya entregado de antemano en el universo desgarrador y profundo del ex Manta Ray. A golpe de acordes perfectos y un ritmo en crescendo escrupulosamente medido, nos dejamos arrastrar por canciones como “Un desastre manifiesto”, “Gang Bang”, “Dry Martín SA” o “Crujidos”, viendo desplegar ante nosotros, y en nosotros, todo un carrusel de heridas abiertas y emociones extremas.

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El público no podía más que estallar en aplausos, silbidos y gritos al final de cada tema. Se oyó incluso alguna pregunta lanzada al aire para la que Nacho nunca tuvo respuesta. Y es que el fervor de los asistentes se daba continuamente de bruces contra la pared (y la melena) tras las que se refugiaba el asturiano. Al apasionamiento platónico del patio de butacas ya no le bastaba con admirar al chico ejemplar. Se derretía por algo más de contacto con el idolatrado Vegas, que insistía en encerrarse en el hermetismo propio de un amante frío y castigador, quizás por timidez, quizás por salvaguardar la personalidad de su repertorio.

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Tras casi dos horas de alto voltaje llegó la traca final con “El hombre que casi conoció a Michi Panero”. El ambiente se iluminó, atreviéndose “las niñas” a corear y Nacho a agradecerlo. El xixonés abandonó el escenario y el público se resistió, gritó y pataleó durante cinco interminables minutos para por fin volver complaciente a enseñarnos “La canción del extranjero”, y darnos el golpe de gracia con el imponente “Ángel Simón”.

Se encendieron las luces y hubo que despertar del abismo. No sin antes reconocer que sin duda Nacho Vegas hizo que nos arrastráramos junto a él tal y como sólo podría hacerlo un buen chico ejemplar.

Autor: Mónica Mejías
Fotografía: Santiago Alfonso Moral García