ACDC (08/06/09, Estadio de Montjüic, Barcelona)
Habiendo presenciado varios conciertos durante el mismo fin de semana, léase Social Distortion (bastante flojo por cierto) o el punk show demoledor de Sonny Vincent en Rocksound, quedaba comprobar cómo se las gastaba una banda con años y años de experiencia en la carretera, tachados por escribir la misma canción durante más 30 años, su abuso por el riff o lo mejor de todo, el que sólo les pase el tiempo para confirmar que su maquinaria hardrock tiene para rato.
Los alrededores de la bella Montjüic, plagada de saludable gentío, turistas tomando fotos, padres con sus hijos correteando, abuelos y demás imagen colorista, se teñían de negro conforme se acercaban las 22:00 horas. Luces fuera, gradas habitadas por cuernos rojos parpadeantes (10€ en el puesto de merchandising) ambientaban el comienzo de una proyección de dibujos animados que a juzgar por su contenido daba paso al primer sencillo de su último elepé (“Black Ice”,2009), “Rock ‘n’ Roll Train“. Una locomotora gigante de cartón piedra en el escenario, dos grandes gorras rojas con cuernos, una gran pasarela a diferencia del resto de citas de los australianos en nuestro país (todo corría a mayor escala) así como el hardrock como motor de reunión caracterizaban el macroespectáculo del domingo en el Estadio Lluis Companys. El público compuesto por seguidores incondicionales y meros curiosos que no querían perderse tal leyenda aunque sólo conociesen dos canciones, encajarían los temas del último trabajo como”War Machine“, “Big Jack” o la que da título asl disco “Black Ice” sin provocar gran fervor. Un ánimo y respuesta estable hasta que llegase el turno a la coreada “Thunderstruck“, “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” o “Shot down in flames“.
Dos horas de concierto que a nadie le habría importado alargar más, incluiría muñecas hinchables, cañones en “For Those About to Rock“, confetti, los habituales jugueteos de Angus Young, a veces más niño que sexagenario con sus famosas carreras de extremo a extremo del escenario o su divertido streeptease en la bluesera “The Jack“, el cómico protagonista acabaría enseñando el logotipo de ACDC cogido en primer plano, lucido en los calzoncillos que escondían su arrugado trasero. Otro momento brillante fue el sólo que se marcó en una plataforma al centro del escenario iluminado cual dios de las seis cuerdas, no produciría 10 minutos de virtuosismo aburrido sino 10 minutos de envidia y admiración, sentimiento que no experimentado con frecuencia. La rasgada y gastada voz de Brian Johnson quedaría por debajo del sonido de las guitarras de sus compañeros en algun momento pero no supondría gran problema, los clásicos y la devoción hablaba por sí solos: “Whole lotta Rosie”, “Hells Bells“, la festiva “You Shook Me All Night Long“, o “Let there be rock” ponían el estadio patas arriba. Harían también un guiño homenaje al desaparecido Bon Scott con “Hell Ain’t a Bad Place To Be” y la mítica “Back in Black“. Tras el bis, la obligada “Highway to Hell” con un Brian Johnson azulgrana vistiendo la camiseta del equipo de fútbol catalán por excelencia.
En conclusión, aunque hubiesen cantado La Macarena, los australianos tenían metido al publico asistente (unas 62.000 personas según la organización) en el bolsillo. Admirable la batería, contundencia y energía que siguen desprendiendo a fecha de hoy así como la lógica experiencia que les sitúa en privilegiado puesto dentro de la Historia del Rock. Un ejemplo de autenticidad y una noche única para los fieles y nostálgicos, así como para aquellos que, lejos, querían acercarse a aquel estallido de los 80′s, como algunos niños que vestían orgullosos camisetas de ACDC recién adquiridas en las tiendas del recinto. El sabor final tras el concierto fue de satisfacción, con la inquietante idea de haber presenciado a unos abuelos que resultaban más cañeros y genuínos que muchas otras jóvenes bandas de la actualidad…



