No es posible entender la música de Sigur Ros sin tener en cuenta su procedencia. Islandia es un país en el que sobra el espacio, 300.000 habitantes y muchos kilómetros cuadrados de salvaje terreno volcánico erosionado por ardientes corrientes de agua y decorado por enormes glaciares. Por eso, la música de este cuarteto islandés suena espaciosa (que no espacial) y naturalmente monumental. Sin dejar de lado la tradición islandesa en ningún momento (ya sea incluyendo referencias a la cultura popular o adaptando su folklore) Sigur Ros han dado forma a una propuesta a la que resulta difícil acceder pero de la que resulta difícil salir y sobretodo sorprende la aceptación que han tenido fuera de sus fronteras. Precisamente de este éxito exterior es de donde nace Heima, un documental que recoge las actuaciones gratuitas que Sigur Ros ofrecieron en diversas localidades de su Islandia natal tras regresar de su larga gira de 2006. Un regalo a sus compatriotas en contraprestación al apoyo recibido.
En Heima (significa hogar) las impresionantes imágenes de Islandia se funden con las intensas interpretaciones de los temas de la banda que se ven salpicadas por emocionantes insertos del público que asiste al reencuentro. Los miembros de Sigur Ros van desgranando entre canción y canción sus motivaciones y sus sentimientos hacia Islandia demostrando verdadera pasión por su isla. Explican su punto de vista acerca de la situación actual del país y como siguen manteniendo unos fuertes lazos con sus tradiciones. Se les ve tocar como protesta en un inmenso valle que poco después sería inhundado con un embalse, en una fábrica de pescado abandonada como señal del agotamiento de la industria, en una acogedora iglesia, en un salón de actos de un pueblecito en el que todos los lugareños les observan tomando cafe y comiendo pasteles. En sus conciertos los niños juegan con cometas rojas o disfrutan en la orilla del mar. Como ellos mismos comentan, la conexión entre el pueblo islandés y la banda es algo extraño (no hay más que pensar en que mucha de la gente que acudía a estos conciertos nunca les había oído antes y sólo estaban allí porque era algo que sucedia en su pueblo y tenían que estar) pero el resultado queda reflejado en Heima de forma mágica.
Resulta especialmente emocionante el corte desde la localidad Asbirgy. Fue la última colaboración de la banda Amiina con Sigur Ros y se produjo en medio de la festividad local, en un pequeño claro en medio de un bosque. La intensidad de ‘Hoppipolla’ (el vídeo del enlace es la versión completa) se mezcla en un fantástico montaje (el de todo el documental es absolutamente maravilloso) con los abrazos de despedida de ambas bandas y preciosas estampas del pueblo islandés en un hermoso atardecer. Da mucha envidia no haber estado allí. Da mucha envidia no vivir en Islandia. Da mucha envidia pero al menos Sigur Ros nos han regalado uno de los mejores documentales sobre música que se han hecho en los últimos años.

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