26 November, 2009, 2:13 pm

Andrew Bird + Jesca Hoop (21/11/09 – Joy Eslava, Madrid)

Andrew Bird, el genio descalzo.

Segunda visita de Andrew Bird a Madrid, dentro de su gira de presentación de su nuevo trabajo Noble Beast (Fat Possum Records, 2009) y, segundo sold out. Una Joy Eslava abarrotada, tal y como sucedió anteriormente en la Galileo Galilei el pasado mes de mayo, y una oportunidad para disfrutar de uno de los mejores y peculiares directos vistos últimamente en esta ciudad. Así el sábado pasado asistimos a otro magnifico ejemplo de cómo una sola persona puede llenar el escenario de esta intimidante sala de sus tres pisos de altura, y llevarnos a su terreno, dejarnos con la boca abierta en una demostración de dominio del directo, honestidad y un puñado de grandes canciones. Pero no adelantemos acontecimientos.

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Abriendo camino ante un público de una numerosa presencia extranjera, teníamos a una poco conocida Jesca Hoop. La californiana, consciente de enfrentarse a un público que desconocía totalmente su propuesta, a pesar de contar ya con dos trabajos y un tercer cd a punto de aparecer, Hunting my dress (2010), no tardó en meterse en su papel y contagiarnos con su folk sosegado y a momentos algo naïf, recordando a una inicial Joni Mitchell. Su actuación fue algo austera, tanto en temas como en sonido, acompañada simplemente por una guitarra acústica, la cual, mediante palm mute y arpegios formaba una base rítmica sobre la cual cantar sus temas. Muy diferente a lo que podemos escuchar en su site , donde suena una Jesca Hoop más completa y llena de matices, otros instrumentos y percusión. Una artista a tener en cuenta que, pese a no estar bajo nuestros radares, nos permitió disfrutar y descubrir temas como Murder of Birds, whispering light, o Four Dreams.

La presencia un Andrew Bird de traje sobre el escenario es magnética. Una mezcla de improvisación, sentimiento y dominio que atrapa al espectador. La manera de trabajar del de Chicago es muy interesante, ya que gracias a su violín, guitarra, xilofón, su potente voz muy en la línea de Jeff Buckley y una habilidad de silbar marca de la casa, todo mezclado mediante pedales, efectos y loops stations que graba, invierte y recrea melodías sobre las cuales va desarrollando sus canciones. Un multiinstrumentista que tal cual llega al escenario se descalza, saluda a la audiencia y toma su violín. Arrebatado, nervioso, y seguro que debe tener un sentido del humor muy peculiar. Improvisa, graba y genera las texturas que más adelante formaran parte de Wake up, Why?, Oh no!, o simplemente la instrumental con la que abrió su concierto.

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Un directo basado en la construcción y deconstrucción de sus propios temas, ante nuestros ojos. A veces disecciona sus canciones hasta hacerlas casi irreconocibles, cambiando melodías, estructuras, compartiendo un extraño poso de sentimiento característico del blues y de la interpretación teatral. Como un cocinero totalmente entregado, improvisando una receta.

En su país también cuenta a veces con una banda de acompañamiento con la que su propuesta gana en matices e intensidad. Así que podría ser interesante ver cómo desenvuelve su método con la presencia de un acompañamiento de batería y bajo. Pero verle descalzo, con los ojos cerrados, sólo en el escenario y rodeado de instrumentos, pedales y su sistema de altavoces rotatorio, sumergido dentro del proceso de creación es tan hipnótico y fascinante que tal vez sería triste perder esta conexión entre la audiencia, su música y el momento de creación.

De los temas que sonaron este sábado en la Joy Eslava, resultaron impresionante sus recreaciones, más que interpretaciones, de Anonanimal, A nervous tic motion to the left, Imitosis y hasta nos presentó Lusitania, un tema nuevo que contó con la colaboración de Jesca Hoop a los coros. Tras la última pieza del setlist, Scynthians, y una breve pausa, nos regaló dos versiones, Oh sister, de Bob Dylan y Some of those days, de Charlie Patton, libres de toda tecnología, acompañado otra vez de Jesca Hoop, su violín y un simple micro recogiéndolo todo. Sin efectos ni artificios. Un cierre honesto, limpio, para uno de los mejores conciertos que se han visto últimamente en esta ciudad.