23 December, 2009, 12:06 pm

Living Colour (20/12/09 – Capitol, Santiago de Compostela)

lc01La fusión, esa etiqueta denostada al que recurren para su desgracia (la del género) artistas como Macaco o Jarabe de Palo, tuvo una saludable vida como escena allá a finales de la década de los 80 y principios de los 90 gracias a bandas tan dispares como Faith No More, RHCP o los Living Colour, unidos eso si por un discutible gusto al vestir, capaz de cegar con sus colores ácidos a cualquier fan del nu rave. Bueno, también les unía el hecho de ser unas bandas extraordinarias formadas por músicos virtuosos. Y es precisamente virtuosidad lo que esparcieron a destajo unos revividos y anteriormente citados Living Colour en su nuevo regreso a los escenarios.
Los neoyorquinos, una banda heavy formada por músicos negros (lo cual resultaba ya de por si extraordinario en su momento) eran capaces de fusionar, sobre esa base de rock duro, distintos palos que daban sustancia al nombre de la escena: soul, funky, reggae, ritmos africanos… Tocando el cielo con el largo Stain (1993) al que siguió un periodo en el limbo de nada más ni menos que una década para volver con el desapercibido CollideØscope. Nuevo material, The Chair in The Doorway, ha motivado su visita a nuestro país para dar conciertos como el de anoche en la Sala Capitol compostelana.

lc09Al verlos salir al escenario la primera impresión fue de que el tiempo no pasa en balde, ni para ellos por su aspecto (en la cincuentena), ni entre el público, un heterodoxo conglomerado de jevis y grunges nostálgicos de la última década del pasado siglo. Pero bastaron los primeros acordes de “Middle Man” para hacer bueno aquello de que Gallina vieja hace buen caldo. Apoyados en un sofisticado line up material cuya descripción comería gran parte de este artículo, los Living Colour comandados por un Corey Glover cuyo peto de herrero (si, herrero) parecía hacer referencia a la fragua musical que se iba a desencadenar, dieron rienda suelta a los temas de su repertorio, estructurado en torno a diferentes momentos para el lucimiento individual de cada uno de sus componentes (extensísimos solos que recordaban a lo peor de los dinosaurios del rock pero que los buenos jevis siempre han apreciado).
El primero en dejarse ver y oír en esta suerte fue el guitarrista Vernon Reid, que para eso es considerado uno de los mejores y más influyentes maestros de las seis cuerdas. Aunque para influencia la que debió de ejercer sobre el Tom Morello (aunque en realidad sea a la inversa), a quien debió pillarle prestada algo de ropa. Entre riffs estirados hasta la paranoia (acrecentada por las caleidoscópicas proyecciones de la pantalla de vídeo) solo un gestual Glover parecía poner pausa, “calzando” el cálido ritmo tropical de “Glamour Boys” para la que pidió por primera vez la complicidad de un público activo. Hubo que esperar aún un rato para escuchar alguno de sus nuevos temas, el “Burned Bridges” que abre su último disco, convenientemente enlazado con la delicada (y electrificada en vivo) “Flying“. A modo de nudo narrativo del concierto llegó el show del baterista Calhoun. Especialista en la más amplia acepción del término, no le bastaba con su conjunto de doble bombo y baquetas iluminadas, sino que además llevaba otros dos sets de percusión digital cuyas bondades, en conjunto, disfrutamos con su show en solitario de quince minutos largos.

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Tras el exceso, la segunda parte continuó con más temas, como el bien introducido “Love Rears Its Ugly Head“, espacio para el poderío vocal y de registros de Glover en “Never Satisfied“. Una de las novedades, “Behind the sun” dió paso al “desparrame“: la ambigua “Bi“, villancicos introducidos por Reid en una de las colas de canción, el bajista Doug Wimbish (que empleó su momento de gloria personal en mostrar su prodigiosa técnica al bajo junto al público en el medio de la sala) arrancándose con los acordes del “Iron Man” de Black Sabbath o la gloriosa versión del “In Bloom” de Nirvana, desembocando en la extensísima y participativa (Elvis está muerto coreaba la gente) “Elvis is Dead“. El correspondiente bis concluyó con la imprescindible y siempre vigente “Cult of Pesonality“, un final en lo más alto solo para descubrir sorprendidos que el concierto se había aproximado a las tres horas, con un buen puñado de hits (no sonaron ni “Time´s Up“, ni las baladas “Nothingness” ni “Solace of you“) dejados para mejor ocasión, si la hubiere. Uno de los mejores conciertos del año.

+++directo