Giant Sand play ‘Johnny Cash at San Quentin’ (24/01/10 – Moby Dick. Madrid)
Giant Sand tocando el disco de la cárcel de Johnny Cash. Plato fuerte para inaugurar el proyecto We used to party, organizado por el sello Houston Party, en el que bandas consolidadas interpretan discos ajenos que hayan ejercido una notable influencia en su carrera. El público no dejó pasar la ocasión. La Moby Dick no anduvo lejos del lleno en el primero de los dos días en que la banda de Howe Gelb ofrecía el show. Esta fecha se había añadido por la gran demanda de entradas.
Un Gelb algo más elegante que de costumbre causó algunas dudas al principio. Salió al escenario tras una introducción instrumental y, a pesar de no intentar emular al pie de la letra la voz del hombre de negro, su voz patinó en Big River y I Walk The Line. Sin embargo, en Darling Companion, con su June Carter particular, todo comenzó a funcionar.
La banda, afincada en Tucson, pero con músicos de origen europeo desde hace unos años, cedió el protagonismo a Gelb, que atacó con brío la parca San Quentin y alcanzó su cénit en “A boy named Sue“, “There’ll be peace in the valley” y “Starkville City Jail“. La espléndida versión ralentizada de “I Still Miss Someone” consolidó el optimismo. El guitarrista Anders Petersen y la voz femenina, ambos infalibles durante toda la velada, la interpretaron con envidiable sutilidad.
Una electrizante “Jackson” -difícil es que su parte final no terminase por ponerle las pilas al más renegado de los asistentes- dio paso a “Folsom Prison Blues“. La canción emblemática fue acompañada de las palmas por parte de la improvisada June Carter y Fernando Vacas (Flow) -Vacas también participó como guitarrista de apoyo en “I Still Miss Someone“- y calaron por momentos entre el público, pero la garganta de Gelb volvió a encontrarse algo incómoda a la hora de entonar.

No obstante, volvieron las buenas sensaciones. Gelb se detuvo en mitad de “Ring of Fire“. “I have a better idea“, anunció. Esa idea era Raimundo Amador. El guitarrista, tan campechano como inspirado, subió al escenario para apuntalar el clásico con sus solos, que parecieron contagiar a un Gelb crecido, y añadir su firma en la factura de un concierto más que correcto.
Cierto es que las canciones de Cash son lo suficientemente sencillas como para pasar un buen rato, pero con este tipo de proyectos siempre se corre un riesgo, y más si tenemos en cuenta el carácter imprevisible de Howe Gelb sobre las tablas y su entonación casi asténica. Giant Sand salió airoso respetando la instrumentación original en la mayoría de los casos y no excediéndose en la deconstrucción en los demás. Esta vez, Gelb acertó.




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