[Entrevista] MAE KURTZ: “La inspiración es fruto de un desaliento y necesidad de expresarme en según qué momentos”
Procedente de Barcelona, pero con claras ascendencias europeas, no en su DNI, sino en la música que crea, que podría venir del gélido Berlín, en vez del cálido Mediterráneo. Fría y gélida como el invierno que estamos sufriendo. Cercana y sutil como el calor de una chimenea. Mae Kurtz pasa a ser una de las revelaciones de este año que entra. Canciones como “Strange moonlight” o “I would like to” acercan el blues a los ritmos lánguidos de Joy Division. Aquí comienza la historia de un largo viaje.
-¿Es Mae Kurtz tú nombre real? Ya que remite a dos personajes muy poderosos, Mae West y el Coronel Kurtz de Apocalypse Now. Uno real y otro ficticio, aunque posible.
No, no es real. Pero a veces lo ficticio te define mucho más que lo real. En todo caso, Kurtz es claramente un homenaje al personaje de Conrad, al que me siento en cierta medida reflejada. En el caso de Mae, nada tiene que ver con Mae West, aunque siempre me gustó su nombre al igual que sus frases lapidarias, es más bien estética sonora. Es corto y contundente.
-Eres tú Mae Kurtz o Mae Kurtz ha acabado por poseerte en tu día a día.
Yo soy Mae Kurtz. Siempre me he sentido como Mae Kurtz aún antes de su existencia. Lo que sí intento es que mi nombre real y lo que se supone que uno debe ser, no acabe por poseerme el día a día.

-He leído que las letras las escribes en un papel según se te van ocurriendo. ¿Cuán caprichosa es la inspiración?
En mi caso, la inspiración no es caprichosa, es más bien fruto de un desaliento y una necesidad de expresarme en según qué momentos. No me manejo demasiado bien con las emociones, así que cuando me avasallan, debo canalizarlas al momento, y no se me ocurre nada mejor que hacerlo en una canción.
-¿Cuál es el lugar y situación más extraña en donde hayas compuesto una letra o música?
No soy una persona propiamente impulsiva así que en muchas ocasiones, si me aburro o me agobio, me abstraigo y dejo que se vaya tejiendo en mi subconsciente una melodía y unas palabras y lo vomito en cuanto llego a casa. Si no puedo porque estoy fuera, dejo que se vaya aposentando, sin hacerle mucho caso, cuanto más crezca mejor. Como suelen germinar en contextos más bien emocionales que situacionales, no tiene importancia lo que me rodea. Nunca. Más bien lo que siento. Y sí, a veces siento cosas extrañas…
-¿Difiere mucho la idea primigenia de tus canciones con lo que finalmente acabamos escuchando en el disco?
No. Porque compongo la canción de un tirón y la canción entera, con los arreglos. Luego los músicos tocan lo que yo he plasmado en el ordenador. Por decirlo de alguna manera, creo la canción tal como la puedes escuchar. En el caso de las canciones que compuse antes de disponer de este medio, todo estaba en mi cabeza, aunque sólo tocara los acordes con la guitarra, podía oír todo lo demás, aunque no sonara.
-Acostumbrada a moverte por Barcelona, sientes el mismo interés por tu música en otras ciudades que has visitado.
Sí, de hecho sé que me escuchan en Estados Unidos y en Europa, básicamente. Aunque no sé por qué, creo que mi música podría interesar en ciudades como Berlín o Ámsterdam, por poner un ejemplo. De hecho, a veces creo que estoy en la ciudad equivocada.
-Fuiste telonera de Psychotica en su reciente gira española. Cómo fue la experiencia de tocar con estas leyendas del “techno-glam-rock“. (Alguna anécdota reseñable).
La experiencia fue excelente. Fue muy emocionante y curioso al mismo tiempo. Pat y Enrique son muy divertidos y Kostabi es más introvertido, se portaron muy bien conmigo y con el resto de la banda. Hubo feeling y es de agradecer. Por ejemplo, en el concierto de Madrid, Paul Kostabi tuvo el detalle de subir a tocar una canción, lo peor fue que el retorno de mi guitarra era tan alto que no lograba oírle para nada y era complicado seguirle. Hice lo que pude, pero él sonó tan bien que creo que nadie se fijó en mí, lo cual fue un alivio.

-¿Es un reto interesante abrir para una audiencia que apenas te conoce? O prefieres jugar en casa, junto a un público que ha ido expresamente a verte.
Creo que es más interesante un público que no te conoce, porque se asemeja más a un reto, lo que supone un cierto juego. Debes atraer su atención o su repulsión, para evitar la indiferencia a toda costa. Hay una motivación extra. En cambio, cuando alguien viene a verte expresamente, tienes que satisfacerle, y a mí no me gusta satisfacer.
-Empezar los conciertos con unas estrofas de “Folsom Prison Blues” del gran Johnny Cash, es una declaración de intenciones o simplemente es una forma de descolocar al público.
Es claramente una declaración de intenciones. No escojo una estrofa cualquiera, sino una que me resuena mucho, que me define. También es un homenaje a la música que me ha acompañado durante mi infancia y adolescencia.
-En directo, te acompañas por The Fakers, un grupo más cercano a la orquesta, ya que aparte de la formación clásica de guitarras y batería, la acompañas de piano e instrumentos de cuerda como el violonchelo. Por logística, no creo que puedas componer y ensayar siempre con estos músicos.
No, como ya te he dicho antes, compongo sola. Lo que hago es pasar las partituras a los músicos y cuando ya lo han aprendido, nos juntamos y tocamos. Actualmente, como estoy preparando conciertos, ensayamos un par de días por semana todos menos el cello, que viene cuando puede.
-¿Cómo va mutando la canción, desde que es una idea-melodía hasta que acaba por tocarse en concierto o grabarse en estudio?
La canción apenas muta. Como mucho, para los conciertos, las alargamos y las aceleramos un poco, pero básicamente suenan igual. Puede que lo que cambie es el sonido, pero poco más.
-Tus canciones tienen un poso blues muy marcado, aunque en algunas ocasiones transitan hasta el pop-rock más desgarrado (“Strange moonlight” o “Those days”). ¿No te cierras en un estilo concreto?
En realidad no busco ni me encuentro en ningún estilo. Las canciones brotan como brotan y supongo que, según lo que esté escuchando en ese momento, derivarán más hacia un rollo u otro. De hecho, no sabría ni querría encasillarme.
-Han comparado tu música a la que realizaban Julee Cruise y Joy Division. Te ves reflejada en estas comparaciones.
Es un honor, supongo que me comparan porque en rasgos generales hay una tendencia parecida, pero me cuesta ver las similitudes. Como no han sido nunca mi espejo, no me veo reflejada. Aún así entiendo que, si se me puede comparar a alguien, ellos puedan ser mi alguien.
-Aunque tu música pueda tener reminiscencias de los años 80, se te ve más cercana a grandes artistas de los años 50 como Billie Holliday o el Jim Morrison más poeta. En qué dirección va tu música.
En ninguna dirección. Por ejemplo, no me gusta nada la década de los 80 en general, escogería cualquier otra antes, y parece que tiene reminiscencias…no sé. Mi música va perdida, como vamos todos, perdidos a algún sitio, pero no sabría decirte cuál. En todo caso, sí que el sentimiento me acerca más a los artistas que has mencionado, o al menos, he bebido de ellos.
-En esta época de comunicación mundial a través de internet, percibes que tus canciones pueden ser más accesibles y universales para todo el mundo.
Sí, de hecho, el otro día estuve mirando las visitas a mi página de myspace y la verdad es que es sorprendente desde donde alguien puede escucharte. De Malasia, por ejemplo. Alucinante. Si yo viviera en Malasia no escucharía mi música (risas). Supongo que Internet es una herramienta muy poderosa… Sé que algunos me han escuchado en América, tanto del norte como del sur y en Europa. En Asia y en África (Marruecos) en mucha menor medida. Y parece que siempre hay alguien por ahí escuchando demos y que luego te manda un mensaje reconfortante.
-¿Qué cinco discos andan rondando tu equipo de música estos días de frío y lluvia?
La lluvia y el frío me han devuelto a les Gymnopédies d’Erik Satie. Aunque también he estado escuchando a Richard Hawley, tanto el Coles Corner como Lowedges. Supongo que necesito música que me relaje en días tan grises. Suelo ser monotemática, así que no he hecho más que escucharlos a ellos.
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