SATURDAY, Ocean Colour Scene

Ocean Colour Scene - "Saturday" (Cooking Vynil/PIAS, 2010)
Ocean Colour Scene acaban de sacar un nuevo disco, el noveno de su carrera, titulado genéricamente “Saturday”. Editado por Cooking Vinyl, sale al mercado discográfico tres años después de su anterior álbum de estudio, “On the leyline”, que presentaron con su propio sello, Moseley Shoals Records. “Saturday” contiene catorce canciones producidas por Gavin Monaghan, conocido por su trabajo con grupos como The Twang, Editors, Travis o Kings of Leon.
Esos son los datos pero para explicar si este nuevo álbum aporta algo nuevo en su larga trayectoria como grupo e incluso dentro de la amalgama de sonidos pop actuales, antes creo que deberíamos tener en cuenta algunas consideraciones para deshacernos, de paso, de unos cuantos tópicos. Según mi opinión personal, que no es más que eso, creo que el brit-pop no fue más que una artimaña publicitaria de la “pópfida Albión” para promocionar a un par de grupos. OCS nunca participó, ni le dejaron, de esa estrategia de los media británicos porque sus canciones están más allá de la fácil digestión conceptual de los mediáticos Blur y Oasis. Segundo tópico: la esencia de los Beatles, de la música negra y otras referencias sixties, son bien visibles en los trabajos de nuestros protagonistas pero nunca han sido ni determinantes ni agobiantes, ni mucho menos presentadas a modo de mero “revival”. Ni las esconden, ni presumen tampoco de haber reinventado nada. Y tercera consideración previa: este disco puede ser el mejor o el peor de su carrera, según criterio personal, pero compararlo con sus primeros discos, es estúpido. No puede sonar de ninguna manera a sus trabajos de hace diez, ni veinte años, porque sería aburrido, absurdo, y porque ni ellos, ni tú, ni yo, ni nadie es igual a hace una década y mucho menos a casi dos.
Pues bien, si somos capaces de deshacernos de estos tópicos, árboles enormes pero con los troncos huecos, que nos impiden ver el bosque melódico de estos jóvenes cuarentones quizá podamos dilucidar qué aporta de nuevo este trabajo de los OCS. Vayamos por partes porque hay de todo en este álbum: bueno y no tan bueno, con sus matices nada despreciables.
Empieza el disco con el tema “100 floors of perception” en el que una secuencia de sonidos, parecida a la de “Baba O’Riley” de The Who, pues ya es, para muchos, razón suficiente para ver la impronta del maestro Pete Townshend. Incluso el desarrollo de esos motivos de percusión pueden sonar a cierta simpatía “stoniana”. Pues muy bien, estoy de acuerdo, aunque por mi parte, prefiero fijarme en ese ritmo con acento de tango contemporáneo, mezclado con guitarras funk, y sobre todo en la melodía pop que es sin duda una de las mejores enseñas del grupo.
Le sigue un “Mrs. Maylie” mucho más contundente, con un inicio ciertamente confuso que, como algunos de los principios y finales de otros temas de este disco, quedan forzados, raros, y me temo que son atribuibles a las manos de un productor que ha aportado más bien poco y mal. “Mrs. Maylie” es la canción que nos devuelve, en su plenitud, a esos OCS que muchos quieren: contundentes, rabiosos y efectivos en directo. Pero nadie como ellos para intercalar esos magníficos medios tiempos que rompen la dinámica con una acústica y una mandolina coherente en medio de la batalla distorsionada. Tras este “Mrs. Maylie” tan dickesiano, aparece la mejor canción del álbum, a mi modo de ver. “Saturday”, que da nombre al disco, comienza con ese efecto marítimo que si uno se empeña puede recordar a “quadrophénico” más aún teniendo en cuenta la letra del tema a propósito de la juventud y los viejos tiempos. Sin embargo, prefiero destacar el desarrollo melódico magistral con un estribillo memorable, ese piano a lo Steve Nieve de los Attractions o esos saxos de R&B. Absolutamente genial aunque el solo de guitarra quede un tanto forzado.
A continuación, entran en juego los planteamientos más atmosféricos del grupo con “Just a little bit of love” pero siempre permitiendo que la voz de Simon Fowler brille impresionante y sensual. Es aquí donde el grupo llega mejor al corazón de sus fans, mediante uno de sus grandes recursos melódicos que transmiten el legado de los Beatles desde su propia perspectiva artística. Con “Old pair of jeans” juegan con esos típicos parámetros del rock americano pero no acaban de construir un tema con carisma, y al final se vuelve un tanto repetitivo. Sin embargo, con “Sing Children Ching”, la genialidad del grupo vuelve a ponerse de manifiesto mediante este pedazo de himno de R&B, con sabor a “Madchester”. Desafortunadamente, la producción vuelve a ser floja, y el arreglo tanto de los metales como de los coros me parece demasiado sencillo. Pese a ello, el tema instrumental y su base rítmica sobreviven con nota muy alta.
Pausa melódica con la preciosa canción Harry Kidnap, dedicada al padre de Paul Weller, John Weller, fallecido el año pasado, 2009. Destaca el amplio registro vocal de Simon, más el acompañamiento de esa inseparable guitarra acústica en las manos de Steve Cradock. La complicidad artística, y de amistad, entre ambos tiene que ser muy consistente para seguir todavía juntos después de tantos años. Con Oscar Harrison, son los únicos tres factótums originales del grupo. El fondo de piano, cuerda y viento de este sentido homenaje queda muy difuminado y quizá merecería un mejor tratamiento, no tan previsible al menos.
Y de este modo llegamos a la aclamada “Magic Carpet Days” donde resurge la temática mod por lo que se refiere a la elegancia y la superación personal. En este tema, la mano de Steve se nota y mucho. Este excepcional guitarrista, acompañante fiel de Weller, ha demostrado recientemente, con su aclamado primer trabajo titulado “The Kundalini Target”, que puede aportar grandes momentos musicales también en solitario. A destacar la vitalidad de esta canción “Magic Carpet Days” con esos coros y guitarra al unísono acompañando a la voz principal mediante un encantador “dabadá”.
“The Word”, es un tema ya conocido. Estaba incluido en el álbum grabado en 2006 durante un concierto en acústico en el Jam House de Birmingham. La canción es marca de la casa, con ese medio tiempo al que antes me refería. El nuevo arreglo que presenta es bueno, intensifica la fuerza de la melodía y no camufla el protagonismo de la mandolina celta que tanta importancia tenía en ese directo ofrecido en un importante local de su ciudad natal; un trabajo, por otra parte, muy aconsejable. Esa proverbial mandolina, acompañada de las guitarras acústicas, más esos coros apoteósicos, vuelven a adquirir protagonismo en el siguiente corte para presentarnos ese “Village Life”, un tema sencillo pero muy efectivo que nos habla del estilo de vida inglés. Todo lo contrario que ese “Postal” al que, tras innumerables escuchas, no he logrado encontrar nada, absolutamente nada, que remarcar. Probablemente sea un capricho de la banda para contentar a su productor, acostumbrado a trabajar con sonidos más “indie”, o quizá sea éste quién les haya convencido para crear un tema con esta dinámica a mi gusto poco propicia y cargada de efectos, fuera de lugar en el contexto de su obra. Cabe la posibilidad incluso que pretendiesen seguir algunos de los pasos más recientes de Paul Weller, siempre muy cercano a sus trabajos discográficos, para investigar nuevas sonoridades y ritmos. Pero ni así. “Postal” no es un buen tema o al menos a mí, no me gusta.
Llegados a este punto, parece que el proyecto se tuerce y una especie de necesidad de relleno acaba por planear sobre el final de este Sábado que pierde fuelle con “What’s mine is yours”, una canción que, sin duda, le habría encantado componer al mismo Paul McCartney, con clarinete incluido y ese toque de pop psicodélico que logra salvarla. Le sigue “Fell in love on the street again” que se enmarca, con dificultad, dentro del estilo más sensible del grupo a modo de balada americana con detalles de country. Y para finalizar “Rockfield”, una canción en la que vuelven a insistir en esa deformación de voz, nos meten unos efectos de sitar y la adoban con otra secuencia similar al Baba O’Riley más unas pinceladas de cuerda árabe que son, sin duda, lo mejor del tema. Rockfield es el nombre del legendario estudio donde grabaron el disco.
Tras este pormenorizado análisis del nuevo álbum, creo no equivocarme al recomendar la escucha de este nuevo trabajo de los Ocean Colour Scene porque aporta muy buenas canciones por si mismas, bien sea en el conjunto de su genial trayectoria, como si las analizamos en el contexto del panorama musical actual. Pero también podría haber salido mucho mejor, en mi modesta opinión, si no hubieran confiado el trabajo de producción a Gavin Monaghan que no ha sabido captar la esencia del grupo. También pienso que han sucumbido a la imperiosa necesidad de sonar diferentes con otras percepciones musicales. A estas alturas de vida como banda de pop, sus fans no esperamos de ellos grandes inventos aunque eso sí, nos encanta comprobar que siguen haciendo bonitas canciones que logran estremecernos. Como en la vida, ni ellos ni nosotros podemos seguir siendo los mismos, ni tampoco ese Saturday resulta en todo momento igual de divertido, pero siempre queda abierta esa posibilidad de emocionarnos con su trabajo y creo que, una vez más, lo han conseguido.
- Publicar única




Jo que genialidad de articulo!
:)
no puedo esperar al concierto de Madrid