Kitty, Daisy & Lewis (29/03/10, Apolo, Barcelona,
Seguramente cuando Ingrid y Graeme pasearan antes por su barriada del norte de Londres con sus tres hijitos hechos unos pinpollos de los 50′s, como si al baile de graduación del high school de turno se dirigiesen, suscitarían toda suerte de comentarios maliciosos. Pero eso sería, sin duda, antes. Ahora seguro que sólo escucharían, en susurros, frases como “hey, ahí van Kitty, Daisy y Lewis con sus padres” o “mira, el otro día vi a esos en la BBC, con famosos, no?” y cosas por el estilo. Cosas que sólo pueden pasar en Londinium, la ciudad más prodigiosa del Universo. Y es que sólo de Londinium pueden venir ésta panda de post-adolescentes con tupé, la réplica siglo XXI de Johnny Burnette y sus dos hermanitas, las pin ups más blueseras que jamás he podido ver, que graban en un estudio analógico en casa y salen de gira con sus padres.
Pero resumamos la noche:
Tras larga cola y apertura de puertas tardía, sesión aperitivo con pinchada cincuentera, y al poco los Nu Niles. Combo barcelonás de reconocida solvencia adherido a la tradición psicobilly punk más ochentera, presentaron temas de su último disco, en castellano, y temas ya clásicos en su repertorio.
Tras esto, otro interludio Dj, en el que no faltaron acertados guiños al producto nacional más innovador… de los 60′s. La versión que del “Ruta 66″ hacían Los Sírex (“San Carlos Club”) sonó a gloria en la sesión, y de paso animó la velada a más de un veterano que por allí pululaba.
Y llegó el esperado momento. Entre aplausos, Kitty y Daisy comenzaron el concierto a capella, como si de un anuncio de champú en la radio americana de la posguerra mundial se tratase; ataviadas como perfectas chicas de calendario y eso, sí marcando la diferencia que distingue al grupo ya desde el principio (al menos para éste humilde observador): arrastrando magníficamente fraseos de blues profundos con total naturalidad, con ese aire de los bluesmen británicos de los 60′s, que nunca llegaron a las texturas raciales (lógicamente) de los originales afroamericanos, pero que captaron la esencia del género como pocos. Sobre todo Daisy, ya hablaremos de ello.
Siguió la cosa adelante, fresca y divertida, con el repertorio del disco.
Rock’n'Roll y momento Atlantic con Lewis a la voz solista, Daisy a la (salvaje) batería (no podemos evitar pensar en Meg White) y Kitty a la armónica, piano, guitarras… Papá y mamá, en sendos laterales a lo suyo. Por cierto, mamá toca el contrabajo de perlas. Seguro que también prepara el mejor shepherd’s pie del barrio.
Rock’n'Roll y momento hawaiano. “Honolulu Rock-a Roll-a”, con Daisy dejándose las manos al djembé, Kitty a la voz solista y ukelele, y Lewis al steel guitar fabricado en casa. Lo máximo. A papá le hacían los ojos chirivitas mirando a sus chavales. No es para menos.
Rock’n'Roll y momento Hillbillie (Music). Kitty y Lewis a los banjos y Daisy al acordeón. Eso sí, con una mano. No debe ser lo suyo.
Y así, entre sandwiches de estilos, al más puro estilo Rat Pack (un número italiano a lo Dean Martin hubiese sido al éxtasis) llegaron a lo que fue, en mi opinión, la parte más floja del concierto. Hizo acto de presencia el trompetista que les suele acompañar como invitado para hacer un par de números ska, adelanto de su próximo disco. Eddie “Tan Tan” Thorton, un jamaicano de sonido rudo, muy al uso del sur de Londres. La cosa es que parece que éstos ritmos no les van tan bien a los hermanitos, y la temperatura bajó un poco. Por suerte, como la política sandwich de estilos alcanzó también a ésta parte del evento, introdujeron entre éstos dos temas el encantador, swinguero, “(Baby) Hold Me Tight” y la cosa quedó bien solventada.
Entramos en la recta final, que es cuando Daisy se hizo con el escenario. Cantó la versión de “I Got My Mojo Working” que incluyen en el disco como hacía tiempo que no se la oía cantar a nadie. Es mucho esto en un tema que tanta gente ha versionado. Cantó a dúo con su hermanita “Going Up The Country”, el hit, y se sacó de no sé donde una voz rasgada y un fraseo negro que nada correspondían con su look de Julie London adolescente. Pin ups de vacaciones en el Delta.
Un bluesazo, “Say You’ll be Mine”, a cargo de Lewis con largo y primitivo solo de armónica de Kitty terminó de meterse al respetable en el bolsillo. Y así acabo la noche, porque preferimos olvidar los bises.
Cosas maravillosas que sólo pueden darse en Londinium, la ciudad más prodigiosa del Universo.
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