14 April, 2010, 7:16 pm

Ennio Morricone (10/04/10 – Royal Albert Hall, Londres)


Aunque sea a un nivel de aficionado, el objetivo (peliagudo, por otra parte) de una crónica de un concierto es (o debería ser) el de intentar que quien lea las reflexiones del autor se haga una mínima idea de lo que pudo haber sido el mismo. En este caso renuncio a tal objetivo por imposible y asumo mi incapacidad para poder transmitir de una forma digna lo que los asistentes al Royal Albert Hall pudieron presenciar en un concierto encuadrado dentro de las “Don´t Look Back Series” de ATP, conciertos en los que un grupo o un artista interpreta de forma completa un disco que por los motivos que sean, ha trascendido más de lo normal.

Conscientes de la magnitud de la figura de Ennio Morricone, para una ocasión tan especial se amplió y adaptó el concepto a sus bandas sonoras clásicas. Y es algo que todos agradecemos ya que el italiano ha sido una figura extremadamente productiva a lo largo de toda su carrera, factor que hay que sumar a la enorme trascendencia de muchos de sus trabajos, ampliamente conocidos por parte de un gran público que casi es capaz de identificar antes la banda sonora que la película de la que forman parte en muchos casos, muestra clara y evidente del calado de la obra de Ennio.

Para una ocasión tan especial, el italiano dirigió a la Sinfonietta de Roma, orquesta con la que ya ha trabajado en numerosas ocasiones, y a The Crouch End Festival Chorus, una impresionante y majestuosa coral británica. El escenario del imponente Royal Albert Hall casi se queda pequeño con ambas formaciones encima del mismo.

Como preludio al concierto, por unas pantallas gigantes el público presenció un documental en el cual se intercalaban fragmentos de una entrevista a Ennio Morricone con algunas de las piezas más conocidas de su carrera. No estuvo mal, si bien aquello parecía un homenaje prematuro para el italiano. Tras una espera que se hizo muy larga, Ennio Morricone hizo su aparición para dar comienzo al recital, que se inició con “Icaro Secondo“. La primera sección del concierto llevaba por nombre “Scattered Sheets“, en las que sonaron piezas de diferentes películas no tan conocidas (pero con una calidad sobresaliente, como es el caso de “El clan dei siciliani“, una estupenda y sinuosa pieza) que sin embargo supuso un excelente arranque de show que precedió a “The Modernity Of Myth In Sergio Leone´s Cinema“, segundo bloque del concierto en el que se sumó la soprano Susanna Rigacci para interpretar un repertorio de alto voltaje que se abrió con “The Good, The Bad & The Ugly“, majestuosa y absolutamente icónica. Le siguió una versión estremecedora y profundamente emotiva de “Once Upon A Time In The West“, en el que la voz de la soprano y los coros helaba la sangre sobresaliendo por encima de toda la orquesta para continuar con la con no menos carga emocional “Fistful Of Dollars” y el mito en forma de pieza musical que es “The Ectasy Of Gold“, sonando de una forma absolutamente aplastante y que sirvió para cerrar una sección épica y apabullante, incontestable

Tras esto, un parón de 20 minutos antes de la siguiente sección del concierto (titulada “Tre Adagi“), que evidentemente bajó las revoluciones en cuanto a lo mítico pero no en lo musical y lo emocional. “Deborah´s Theme“, de “Once Upon A Time In America” era la encargada de retomar el concierto de una forma sobrecogedora, desgarradora. Las siguientes secciones volvieron a discurrir por parámetros de la carrera de Ennio Morricone menos dados a conocer al gran público pero sin restar intensidad o calidad al concierto, resultando memorable el penúltimo bloque, “Tribute To Mauro Bolognini“, gracias una vez más a la potente y electrizante voz de Susana Rigacci. Para acabar el programa previsto, “Gabriel´s Oboe“, “The Falls” y “On Earth As It Is On Heaven“, todas de “The Mission“, para mostrar en todo su esplendor una obra capital no solo dentro de las bandas sonoras.

Ya estaba el Royal Albert Hall entregado al bueno de Ennio, y con una sonora ovación el público mostró al italiano todo su agradecimiento. Tras salir del escenario, volver para saludar y abandonar otra vez en escenario, el compositor regaló como primer bis “Cinema Paradiso“, una pieza descorazonadora, en la que la desolación que provoca su escucha es directamente proporcional a la intensidad con que es interpretada.

Y de regalo, 2 bises más. Repeticiones de “The Ectasy Of Gold” y “On Earth As It Is On Heaven“, dos de sus piezas más carismáticas. Se ponía final de esa forma a un concierto al que un servidor, y hablo a título muy personal si me permiten, le ha roto los esquemas. A pesar de que Ennio Morricone ha sido un artista por el que siempre he tenido muchísima admiración (de otra forma no habría viajado a Londres para verlo), consideraba al rock como algo vital en cualquiera de sus manifestaciones. Pero despues de poder ver a Ennio Morricone, cualquier variante de la música contemporanea se ha visto empequeñecida hasta límites preocupantes. Supongo y espero que será cuestión de tiempo, si bien hasta cierto punto porque hay un antes y un despues de ver a Ennio Morricone.

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