Pauline en la playa (24/04/10, Neu! Club, Madrid)
Mar y Alicia Álvarez, las dos componentes de Pauline en la Playa, se han colado en el corazón de todos los aficionados al buen indie pop de este país. Escucharlas es casi como encontrarse en casa durante el frío invierno: ellas tienen ese calorcito propio de lo entrañable. Sus letras llenas de cafés de media mañana, bañeras y siestas hacen que nos sintamos siempre en nuestro hogar. Sus conciertos son como un encuentro de amigos íntimos donde las cosas se dicen a media voz y la sonrisa siempre está presente. Es algo que no ha cambiado desde los primeros tiempos de las hermanas Álvarez como dúo. Lo que sí han abandonado es el formato trío, aquel que utilizaran en los últimos conciertos de “Silabario”, para presentarse en directo con una banda de verdad.

Tras cuatro años en los que tenían abandonados a sus fielísimos fans, esta pareja de asturianas ha lanzado “Física del equipaje”, un álbum donde han apostado por una colección de canciones menos instantáneas, que exigen repetidas escuchas para poder ser valoradas en su justa medida. También han dejado el toque jazz de “Silabario”, su anterior trabajo, para acercarse en cierta medida al folk.
Con estos precedentes, la parroquia madrileña tenía muchas ganas de escuchar a las Álvarez. Ellas empezaron su concierto jugando sobre seguro con la interpretación de “El gato de Cheshire”, aquella estupenda canción de su álbum “Tormenta de ranas”. Casi sin quererlo, las dos chicas hicieron que el publicó volviera a su tierna infancia con este himno repleto de maullidos y referencias a “Alicia en el País de las Maravillas”. Sin movernos de aquel grandioso trabajo, “Cabezas locas” nos permitió seguir en el mundo peterpanesco con este tema lleno de extraños vuelos hacía El País de Nunca Jamás.
Con el público ya ganado, Pauline en la Playa abordó algunas composiciones como “Tendencias de Sastre”, “Primavera, verano, otoño, invierno” o “Reparto de bienes”, donde las dos chicas se vuelven más intimistas y menos juguetonas, aumentando si cabe ese halo de cercanía que tantas veces desprenden los temas del dúo.
Todo ello para regresar al toque naïf con “Nada como el hogar”, “Pasos de ratón” o “Un monstruo”, una vista atrás a ese tipo de canciones que cimentaron su fama de perfectas manufactureras de estribillos. Un pequeño oasis de pop instantáneo antes de volver al mundo más árido de su nuevo trabajo con temas como “Esos besos”, “Un muelle”, “Como un ciempiés”, “Quién los iba a decir” o “La siesta”.

A continuación, y con la excepción de “Un gran país”, otro corte de “Física de equipaje”, se sucedieron una estupenda ristra de hits como “Lo que pesa un hueso”, “Mi bañera”, “Titubeas”, “Mis zapatos cojos”, “Acabáramos” o “Rueda corazón”. También hubo hueco para dos magníficas versiones: “Lloran mis muñecas”, canción que las Pauline compusieron originalmente para Nosoträsh, o la grandiosa “Coplas del iconoclasta enamorado”, un tema de sus adoradas Vainica Doble.
Como siempre, las asturianas nos volvieron a transmitir esa sensación de cercanía y ternura que hace que salgas de sus conciertos como si hubieras asistido a una placentera reunión de amigos íntimos.
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