11 May, 2010, 11:40 am

FESTIVAL DO NORTE (30/04 – 01/05, Vilagarcía de Arousa, Pontevedra)

Con su décimo aniversario en el horizonte, el Festival do Norte cerró su edición de este año sin grandes alardes pero si con el convencimiento de haber realizado una oferta musical atractiva y haber recibido a cambio la aceptación mayoritaria del público. Pero no nos chupemos las pollas aún, como diría el Señor Lobo en Pulp Fiction.

El escenario Caixa Nova, la pequeña carpa a la entrada del recinto, suele albergar los que son para mí los conciertos más interesantes del festival. Un pequeño cajón desastre donde caben esos grupos que vamos a llamar emergentes, con cierto eco, que empiezan a despuntar pero aún no son mayoritarios. Un espacio donde hay cupo galaico. En ese segmento se estrenó el viernes Emilio José.

El orensano es una rareza en estas lindes y si no fuera por la seriedad con la que se toma a sí mismo no seríamos capaces de valorar su estimable y fresca combinación de hip-hop jazzy, tropicalia y psicodelia. Si no lo tuviéramos habría que inventarlo. Emilio José dio paso a otros del palo, los hippys de Hola A Todo El Mundo y su variedad instrumental al servicio de sus melodías ensoñadoras y demás. Un poco más de lluvia hubiera podido crear un barrizal óptimo para que sus fans recordaran Woodstock. Cerraron la jornada en la carpa los murcianos Klaus & Kinski. Este dúo es la mejor noticia del pop en español desde hace mucho tiempo y sus canciones pequeñas joyas en la voz de Marina. Algo que sin duda brilla especialmente por la labor compositora de Alejandro Martínez. En directo no brillan tanto que en sus imprescindibles discos, pero todo se andará.

Llegado el momento de desplazarse al escenario principal, inaugurado por Munich y Dorian (¿no están un poco mayores para cantar esas cosas?), llego el turno de We Are Standard. Bilbaínos, intentando ser universales siguiendo la estela de Delorean, se agradece su apuesta por el rock así como bailongo y vacilón (aunque absolutamente hueco y sin sustancia) que animó al personal que sin duda lo recordará como el concierto de la jornada si no del festival entero. Los londinenses Fanfarlo seguro que no lo hicieron a posta pero suenan y respiran como Arcade Fire, para jolgorio de los muchos fans de los profundos canadienses. Los neoyorquinos Nada Surf, que continuaban su gira comenzada la noche anterior en Madrid, no tocan su hit Popular para librarse de la etiqueta de one hit band, trabajo labrado a base de discos y canciones de power pop que van en clave de americana desde los Jayhawks hasta Wilco. Algo de poso hay en ellos, pero no terminan de romper. Tampoco ayuda su último disco de versiones, donde envilecen cada una que reinterpretan, especialmente Enjoy the silence de Depeche Mode, aunque agradezcamos el guiño a Mercromina y su Evolution.

Con el tiempo raruno y la lluvia presente a ratos, la segunda jornada atardecía con los inclasificables Carrero Bianco. Liderados por Blas, su electrónica entre lo petardo y lo directamente terrorista mejora con mucho cualquier iniciativa del género en los últimas décadas, léase Fangoria, McNamara y demás. Aunque no tenga nada que ver. La cara de la cantante de Los Punsetes podría explicarse tras ver la actual de los de Ferrolterra, pero no, ella es así. Y su banda gana enteros cada día, con su propuesta sencilla y pegadiza. Menos es más y si, que le den por culo a tus amigos. A continuación La Bien Querida desgranó su repertorio ya bien conocido por todos, especialmente por las chicas popíes de rico mundo interior.

Nudozurdo, ya en el escenario principal (algo sorprendente), destilan un post punk intenso y oscuro, y sus guitarras energizaron a los asistentes mientras aún era de día. Hay hueco para ellos en la escena y seguro que tienen ganas de llenarlo. Quizá con algo de tiempo puedan mejorar sus letras, una absoluta basura propia de un fan adolescente de Ian Curtis y Javier Corcobado. En esa línea chunga incidieron JJ. Un grupo misterioso, del que apenas hay fotos ni promoción… Afortunadamente. Su sosa propuesta de poesía musicada sumada a los vídeos con los que acompañan su actuación (paseos por la playa con los pies descalzos, el viento azotando los rizos sobre la cara, gaviotas en el puerto…) son propias de una fiesta de Bellas Artes de hace treinta años. Con este panorama y con cambio de orden en las actuaciones no es de extrañar que Pete & The Pirates triunfaran. En las antípodas de sus predecesores, los británicos no engañan ni pretenden. Rock festivo para corear (Mr. Understanding) en la línea de bandas como los Kaiser Chiefs y tantas otras. Se aprendieron un par de frases en gallego, nos ofrecieron sus cedés y nos entraron ganas de quedar con ellos para emborracharnos después. No se le puede pedir más a un grupo en un festival.


La estrella del cartel, un año más, eran Los Planetas, asiduos del festival y que el año pasado debieron cancelar su actuación por encontrarse grabando él Una Ópera Egipcia cuyo interés decrece audición tras audición. En él basaron su repertorio, con aparición incluida de La Bien Querida para interpretar el tema más irritante del disco. Algo no parece encajar en ellos, al menos para un grupo amplio de sus incondicionales, y personalmente mi problema con ellos es que me da la sensación de que dejan de ser ellos para ser Lagartija Nick, que siendo un grupo estimable nunca alcanzó la excelencia más allá del Omega. Con el cierre festivalero por parte de El Guincho surgieron de nuevo las dos Españas. Una mayoría que huyó de su propuesta cacofónica supuestamente bailable hacia la carpa y el resto hacia las barras.

Fotos:  Rebeca Blanco Arcay