Mark Lanegan + Duke Garwood (16/05/10 – Joy Eslava, Madrid)
El sol se pone en el exterior de la sala Joy Eslava de Madrid. Sin embargo, en el interior del popular local de conciertos, la oscuridad ya ocupa cada recoveco. El responsable es Mark Lanegan, el que fuera componente de los míticos Screaming Trees. El músico se presenta está vez en formato acústico, sin la compañía de Soulsavers, Greg Dulli o la dulce Isobel Campbell.

Como si fuera una figura vampírica, el cantante, vestido completamente de negro, apareció escasamente iluminado y casi inmóvil en el medio del escenario. La desgarradora voz del norteamericano sólo necesitó de la tímida guitarra de Dave Rosser para calar en el público. Incluso las intervenciones del telonero Duke Garwood, en temas como “Misirlou”, resultaron en cierta medida un tanto superfluos.
“When Your Number Isn’t Up” abrió una velada donde destacaron otros tres temas de Bubblegum (“Like Little Willie John”, “One Hundred Days”, “Bombed”) y cuatro de las mejores canciones de Field Songs (“One Way Street”, “Resurrection Song”, “No Easy Action”, “Miracle”). También hubo hueco para canciones de discos como Whiskey for The Holy Ghost (“The River Rise”), Here Comes The Weird Chill (“Message to Mine”), Scraps From Midnight (“Bell Black Ocean”), The Winding Sheet (“The Wild Flowers”) o del single Hit The City ( “Mirrored”).
Consciente quizá de su deuda con una audiencia que le sigue desde los tiempos del grunge, Lanegan se encargo de regalarnos dos temas de los fenecidos Screaming Trees, el grupo que le dio a conocer entre la parroquia rock: “Traveler” y “Where The Twain Shall Meet”.
El músico norteamericano tampoco dejó de hacer guiños a sus colaboraciones con Queens of Stone Age (las escalofriantes “Hangin’ Tree” u “On Jesus Program”) y Soulsavers (“Can’t Catch The Train”), o demostrar que puede hacer suyas canciones de Tim Hardin (“Shiloh Town”) o Pink Floyd (“Julia Dream”).

Pese a tener un repertorio donde se daban cita canciones de diversas épocas, Lanegan dio un barniz melancólico y triste que unificó de manera lúgubre todos los temas. Su voz, cada vez más ronca y rasposa, sonó más que nunca como la del gran Johnny Cash. El reposado y desnudo acompañamiento acústico recordó en cierta media al del Hombre de Negro menos country.
Mientras el cantautor interpreta cada año su material discográfico hasta la fecha entre diferentes proyectos, sus seguidores esperan con ansia un nuevo disco de su carrera en solitario, que desde el Bubblegum continúa en stand by. De momento, y de una manera u otra, parecemos tener Lanegan para rato. Que así sea.
Fotos: Julio Vallejo
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