ROCK IN RÍO I: Cypress Hill, Jane’s Addiction y RATM
Reconozco que no sé como empezar esta crónica. Rock In Rio despierta sentimientos encontrados y difíciles de reconciliar, y no estoy pensando en lo ecléctico del cartel, capaz de mezclar a Rihanna, Shakira y Bon Jovi con Motörhead y Rage Against The Machine. Me refiero a la avalancha publicitaria que enfunda este tipo de “festivales”, en donde el uso de la táctica del burro es totalmente necesaria. Ésta consiste en taparse los ojos hasta la llegada a los escenarios haciendo caso omiso al acoso de toda la parafernalia que rodea estos macro eventos del mundo de la globalización. El disfrute de los conciertos es totalmente fundamental para no acabar pensando en los 69 euros que cuesta la entrada.

El Viernes se presentaba como una de las noches más interesantes, sobre todo por tener la posibilidad de ver a Jane’s Addiction en una de sus escasas actuaciones en este país, tras la cancelación de su concierto en La Riviera un 17 de Octubre del año 2003, por problemas físicos de su cantante, Perry Farrell, aunque mantenemos viva la imagen del año pasado en el BBK Live de Bilbao. También había interés por descubrir las nuevas canciones de Cypress Hill, ya que fueron los únicos en presentar nuevo álbum (Rise Up), cosa que no hicieron ni Rage Against The Machine ni Jane’s Addiction, que llevan más años viviendo de las rentas que de nuevas creaciones, aunque perjuren que andan preparando nuevo material. El tiempo lo dirá.

Con el cielo amenazando lluvia, aparecieron los raperos de California, los cuales, con su inconfundible estilo gangsta mezclaron canciones nuevas con grandes clásicos como Insane in the brain o Rockstar. Tardaron poco más de media hora en sacar un enorme porro de marihuana (símbolo de la banda) y hacer un claro alegato a esta sustancia tan prohibida como estimulante. Llamaba la atención el claro alegato al hecho de fumar que había sobre el escenario, cuando entre el público estaba prohibido encenderse un mísero cigarrillo, sobre todo teniendo en cuenta que el festival se celebraba al aire libre.

Siete años después, Jane’s Addiction volvió a pisar un escenario español. Muchos éramos los que nos quedamos con las ganas de ver a Perry Farrell y compañía, después del fiasco en la anterior gira, en donde presentaban Strays, su trabajo más glamouroso de los cuatro que tienen. Precisamente no tocaron ninguna de las canciones de este disco, decantándose por hacer un ejercicio de historia musical ofreciendo una colección de grandes éxitos de sus tres primeros trabajos, abriendo el show con la épica Mountain song y la festiva Ain’t no right. La propuesta de Jane’s Addiction puede resultar muy llamativa para las generaciones que crecieron con Whores y Chip away, pero el total desconocimiento por parte de las nuevas generaciones era clarísima y se hacía evidente en la nula emoción al escuchar canciones como Ocean size o Three days, el particular Stairway to heaven de los años 90. Una canción que se aderezó con un suntuoso baile lésbico a cargo de unas dulces muñecas orientales, que hubieran dado más juego en El Loto Azul de Tintín, que en un macro evento, en donde las vallas de seguridad obligan a ver a los artistas a cincuenta metros de distancia.

Los de Los Ángeles se presentaron con la formación original, a excepción de Eric Avery, que fue sustituido por exgunner Duff McKagan, que supo estar a la altura de las circunstancias, dejando todo el protagonismos a un cada día más apático Dave Navarro y un rejuvenecido Perry Farrel, que botella de vino en mano (como en los viejos tiempos), se dedicó a saltar y correr por el escenario, intentando que su compañero reaccionase ante su eterna pose de megaestrella del rock.

Las proclamas comunistas que hicieron famosos a Rage Against The Machine en los adorados y añorados años 90, poco tenían que ver con la comercialidad del evento. Consignas como “Jódete, no pienso hacer lo que dices…“, fueron gritadas a coro por las 30.000 personas que hicieron bulto en esta megaciudad del rock, con capacidad para 60.000 almas. El rock furioso de los cuatro revolucionarios de Los Ángeles, fue lo que encendió la mecha de una audiencia algo apagada hasta ese momento. Los poderosos riffs de Tom Morello casan perfectamente con la forma de rapear que tiene Zach de la Rocha y la portentosa base que forman el bajista Tim Commerford y el batería Brad Wilk, que se bastan y sobran para que los famosos solos de guitarra de Morello se sustenten por si mismos. El concierto de los angelinos, estuvo plagado de hits, desde los iniciales Bombtrack, Bullet in the head o Freedom; pasando por People of the sun o Guerrilla Radio. El desfase generacional volvió a ocurrir con White riot, uno de las grandes canciones de los padres del invento, The Clash, que casi nadie llegó a reconocer, por culpa de un desfase generacional en el que no creo en la era global de internet.

No tuvieron deferencia a dirigirse al público durante las dos horas que duró el concierto. Cuentan las malas lenguas que tenían prohibido, por contrato, hacer cualquier tipo de comentario, no fuera que se les escapara la lengua y gritaran proclamas contra alguno de los múltiples patrocinadores que plagaban las zonas de comida y descanso. No sé si esto último es cierto, prefiero pensar que si. Como escuché una vez, “si ante la realidad hay una leyenda, publica la leyenda…” ¡Hagan juego, señores!
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