25 June, 2010, 12:02 pm

ROCK IN RÍO II: Sôber, Motörhead y Metallica

Esta era la segunda fecha de Rock In Rio dedicada al rock, algo inaudito en la edición anterior en donde lo más duro lo ofreció un Lenny Kravitz venido a menos. Entre cervezas de escasa graduación y hamburguesas de multinacionales, unas 50.000 almas abarrotaron las instalaciones de Arganda del Rey. Nada más llegar al recinto, Sôber hacía su aparición cinco años después de decirnos adiós, los hermanos Escobedo salieron acompañados de Antonio Bernardini y Manu Reyes, que sustituía al difunto y carismático Alberto Madrid. Presentaron De aquí a la eternidad, un trabajo recopilatorio que les está sirviendo como aperitivo mientras preparan un nuevo trabajo que están componiendo en estos momentos. Les sobra talento para llenar una hora de concierto a base de hits como Oxígeno, Arrepentido o Loco. Buen comienzo para lo que se estaba preparando entre bambalinas.

¡Somos Motörhead y hacemos Rock ‘n Roll!“. Fiel declaración de principios para el padre del speed metal. Lemmy apareció enfundado en un traje vaquero, sombrero y botas de cowboy, fumando y con su eterno bajo al hombro. Un personaje que no pasa desapercibido, al igual que su música, rápida y directa, como si de una ostia sin pensar fuera. Y es que los ritmos frenéticos de Iron fist, Rock out o Killed by death dieron paso a los primeros pogos de la noche. La gente enloquecía con las canciones que llevaban escuchando los treinta y cinco años de vida que tiene la banda. Para el final dejaron dos de sus joyas preciosas que no faltan en ninguno de sus conciertos, Ace of spades y Overkill que la alargaron hasta la extenuación colectiva; canciones que desataron la locura entre los asistentes, que se manifestaba en forma de empujones y saltos en busca de las vallas que nos separaban del escenario.

Pocos eran los que albergaban esperanzas de que este concierto fuera una recopilación de las mejores canciones de Metallica. Se han ganado a pulso y canciones, el poder hacer lo que les de la gana, no siempre aciertan (Load, Reload y St. Anger), pero pocas veces nos dejan indiferentes. En mi humilde opinión se les podría considerar los Rolling Stones del metal, capaces de reinventarse una y mil veces dando con la tecla idónea en todo momento, reinando sobre el resto de bandas que les persiguen a rebufo, por mucho que pasen los años. Sustituyeron a los eternos AC/DC y no defraudaron, por mucho que el cielo volviera a amenazarnos y que fuera un Lunes laborable. Y es que los seguidores de James, Lars, Kirk y Robert no se pierden ni un solo concierto de los cuatro jinetes de la bahía de San Francisco.

A las 23.00 horas se apagaron las luces y en las pantallas apareció Eli Wallach en una secuencia de la película El bueno, el feo y el malo y es que los acordes de The ecstasy of gold, (Ennio Morricone) comenzaron a sonar entre la oscuridad del escenario; esta canción sirve de introducción desde hace décadas a todos y cada uno de sus conciertos. Un tema épico que dio paso a Creeping death, cumbre del trash metal incluida en Ride the lightning, que les acompaña desde el año 1984 y es una de las piezas fijas en todos sus conciertos; al igual que For whom the bell tolls, incluido en el mismo trabajo. Metallica suele caracterizarse por no dar un soplo de aire a sus miles de seguidores y tras las dos primeras canciones fijas en su repertorio ofrecieron un par de alegrías a los más fieles, interpretando Through the never y Disposable heroes, dos temas semiolvidados pertenecientes a The black album y Master of puppets respectivamente.

Si alguien tenía dudas sobre si se dejarían algún tema en la maleta, todas ellas quedaron dispersadas cuando atacaron Fade to black, Sad but true y One que vino precedida de una salva de disparos, explosiones y fuegos artificiales que dieron un toque realista al alegato antibelicista que toma ideas de la terrible historia de Joe Bonham, un soldado mutilado en la Primera Guerra Mundial, protagonista de la novela Johnny cogió su fusil. Los amantes del trash metal de la antigua escuela pudieron quedarse satisfechos al escuchar Phantom lord y Am I evil? (Diamond Head). Canciones que apenas entran en los setlist pertenecientes a su época dorada como reyes del metal; una época en donde las baladas como Nothing else matters no tenían cabida, a excepción de experimentos como Fade to black o Welcome home (Sanitarium), que también sonaron esa noche.

Al poco James Hetfield se acercó al micro y gritó “Take a look to the sky, just before you die… IT’S THE LAST TIME YOU WILL!” y ahí fue donde Metallica conquistó a toda la audiencia, ya que Master of puppets junto a Enter sandman y Seek and destroy, fueron los platos fuertes donde se demostró que nadie puede con estos cuatro personajes. Sus canciones son potentes, enganchan y no aburren. ¿Qué más se puede pedir a un grupo?

Fin de fiesta en la Ciudad del rock. Otros artistas vendrán que harán buenos estos conciertos. Otros festivales aparecerán que nos harán recordar la Ciudad del rock (O no).