AZKENA ROCK FESTIVAL (25-26-27/06/10 – Mendizabala, Vitoria Gasteiz)
Gasteiz Rocks
Muy probablemente, y más si de rock se trata, el Azkena Festival sea el mejor festival de género del país, con un cuidado y mimo muy especial por la programación. Una afirmación muy sólida, y más en esta edición, si tenemos en cuenta los nombres de unos KISS y sobre todo un Bob Dylan presentes. Casi nada.

En una clara progresión, los primeros pasos del Azkena no estuvieron en manos de los mitos, si no de unos que han bebido de ellos y que van camino de convertirse en miembros de ese selecto club. Nos referimos a los refrescantes Kitty, Daisy & Lewis. Su historia es bien conocida: grupo de mozalbetes ingleses educados en lo más selecto de la música americana de raíz triunfan con su primer y único disco, un huracán de rock y blues añejo. Acompañados de una banda más que competente, los diferentes miembros del grupo familiar alternaron posiciones e instrumentos, trazando su particular ruta musical. La presencia del trompetista Eddie “Tan Tan” Thornton dio un interesante giro hacia los sonidos jamaicanos al final del concierto, redondeando la experiencia.

Pero serían, como no, Gov´t Mule los que acelerarían el pulso con su trazo de jam rock band. Ayudó el sonido del reciento Mendizabala. Los estadounidenses sonaron perfectos, descargando electricidad a torrentes y generando la necesaria adrenalina en el personal, extasiado literalmente en la hora y media de concierto. Esto, empalmado con la presencia de los australianos Airbourne con su hard rock deudor de Motorhëad y sobre todo de sus paisanos AC/DC terminó por redondear una jornada completamente enfebrecida.

El viernes, con los KISS ya presentes en la multitud de gente caracterizada con el rostro pintado al estilo de Paul Stanley y Gene Simmons y sus otros dos compinches, fue creciendo también en intensidad de manera progresiva. El friki latino El Vez dio todo un completo recital, con versión del Eres Tu de Mocedades incluído. Es lo que tienen las fronteras para los chicanos: se las saltan. Así, entre cambios de vestuario imposibles y bien secundado a los coros por las elvettes, El Vez nos condujo por el crisol musical que va desde Memphis, Tennessee, hasta El Paso. Un camino de puntos rockabilly que también conoce y practica, en otros tonos y modos pero con la misma esencia, la dama del género, Imelda May. La irlandesa presentó su nuevo single, “Psycho“, y repasó lo mejorcito de su sustancioso repertorio. Solo le sobró, opinión personal, la versión de Tainted Love con la que concluyó el concierto. Honra el original, pero el tema ha sido ya envilecido por otros como Marc Almond y Marilyn Manson y suena sobado de más.

Como buen nostálgico de los Guns ´N´ Roses, la actuación del bizarro Slash, el hombre que fue rechazado por feo por los Poison y terminó tocando la guitarra con Marta Sánchez era un must impepinable. La curiosidad duró más bien poco. Dejémoslo en que para ver y oír aquello mejor hubieran traído a los Gansos Rosas. Y espero que nunca se produzca esa reunión con Axl y demás.
Y llegó el momento del mayor espectáculo (rock) del mundo, la actuación de KISS. Lo de la mítica banda entra en la categoría de artes escénicas, donde la música, con su puñado de hits coreables, es un aderezo más y ni siquiera el más importante. Pero hay que verlo, y estar ahí al menos una vez en la vida para ver su show, un espectáculo total donde no faltaron todos los elementos que convirtieron a la banda en un fenómeno (familiar, por otra parte) de masas: cañones de fuego, escupitajos y chorros de sangre, vuelos a través del escenario… Más de dos horas realmente divertidas.

La última jornada era el momento ideal para ver a Bob Dylan. El judío Zimmerman está por encima de todo. Y ese todo incluye lo que tú, yo y el resto del mundo podamos esperar de sus conciertos, que en mi experiencia personal a lo largo del tiempo siempre me han defraudado, desde aquel lejano 1993 en el coruñés Concierto de los Mil Años. Pero la presencia es obligada, y así también lo entendieron los más de 18000 asistentes que batieron el record de asistencia del festival.
Pero he aquí que de un tiempo a esta parte Dylan está menos hosco y caprichoso de lo que acostumbró durante décadas, y nos regaló un gran concierto, mostrándose simpático incluso y accesible. Electrificó de más buena parte de su repertorio clásico, desde Stuck Inside A Mobile With The Memphis Blues Again a Just Like A Woman, por ejemplo, versioneándose a sí mismo, retorciendo sus notas y voz a lo largo de trece temas que se hicieron realmente cortos reconciliándome con el genio de Duluth, Minnesotta. Hasta cerró con una efervescente Like a Rolling Stone magistral. Impecable.

Chris Isaak es uno de mis ídolos, así que nadie espere una opinión realmente neutral. El tiempo le ha hecho (aún más) meloso, acercándole a uno de sus referentes, Roy Orbison. Elegantemente vestido, con su sempiterna Gretsch 6120, Isaak hizo un repaso a su carrera, intercalando sus grandes éxitos (Wicked Game, Blue Hotel, San Francisco Days, etc…) con versiones de sus clásicos referenciales, como el Love Me Tender de Elvis. Un concierto pausado y con altas dosis de azúcar en la sangre. Puede que hiciera mella en la gente, cansada de tantos días de agitación. Ahí estuvo acertada la programación, que puso a The Hives y su rock, tan efectivo como cuadriculado, como mágico fin de fiesta.
Fotos: Stuart MacDonald
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