29 July, 2010, 9:29 am

SONISPHERE (09-10/07/10, Getafe Open Air, Madrid)

Llega el verano, el calor, los mosquitos, la playa y los festivales veraniegos. Unos más pop, otros más folk y los dedicados al rock, que sin lugar a dudas traen consigo una nube de polvo marrón, que nos dio la bienvenida el secarral de Getafe donde instalaron el Sonisphere. Dónde quedaron esos verdes parajes en los que se instalaba el Festimad en sus primeros años de vida. Pero a lo que estábamos aquí era para hablar de música, bandas, canciones y sensaciones a los 39 grados a los que se llegaron.

Estos calores no impidieron que muchos de los grupos más madrugadores no se sintieran solos. Por lo que bandas como Tao Te Kin, Volbeat, Anathema, Hamlet, Headcharger, Quinta Enmienda o Annihilator no estuvieron solas ante la fatalidad de tener que abrir un festival. La primera jornada trajo una mezcla extraña de sonidos, que basculaban desde el rock destilado de los años 80 de Saxon y WASP al rock progresivo de Porcupine Tree, el trash metal de Slayer o el hardcore de Suicidal Tendencies. Caso aparte merece Faith No More, grandes triunfadores de la noche. Saxon y WASP defendieron de la mejor manera su propuesta musical. Fueron reyes en los años 80, por lo que ahora sólo les quedaba recopilar lo que fueron himnos en discos como “Crusader” o “The Crimson Idol”. Pelos cardados, botas de cuero, cuchillas afiladas en las muñequeras; todo un revival que se saldó con el bonito homenaje por parte de Saxon a Ronnie James DIO con la canción “Denim and Leather”. Y es que el fallecido era uno de los principales alicientes de este festival Sonisphere, pero la trágica noticia de su muerte alteró los planes de la organización, debiendo escoger a un sustituto que estuviera a la altura. Los elegidos fueron Porcupine Tree, que a pesar de no ser tan conocidos como Heaven And Hell, mantuvieron el tipo ante una audiencia que demandaba sonidos duros y metálicos. Con un sonido cercano a Tool, arrancaron con la instrumental “Occams Razor” que abre su último disco “The Incident” publicado el año pasado. El tipo de setlist elegido por los británicos fue bastante directo, dejando para otro tipo de conciertos las canciones más ambientales.

El sol empezaba a esconderse detrás de las naves industriales del polígono que nos cobijaba y los amplificadores empezaban a superponerse uno encima del otro en el escenario principal (llegué a contar 38 Marshalls). Eso sólo podía significar una cosa: Slayer acababan de llegar. Directos y al grano, sin hablar con el público, la masa sonora de estos cuatro californianos irrumpió sobre el escenario grande del festival. Sonaron “War Ensemble”, “Mandatory Suicide”, “South of Heaven” y la coreada por todo el público “Raining Blood”, perteneciente a “Reign in Blood”, su trabajo más exitoso. Este fue el tema que más entusiasmó a los cerca de 20.000 personas que se acercaron esa noche al recinto, creando un pogo tan innecesario como molesto, por la nube de polvo que se levantó.

Eran las 00.35 y uno de los momentos marcados con letras de oro se acercaba, quedaban escasos cinco minutos para que Faith No More descargara toda la música que llevaban dentro durante tantos años. Salieron como unos abuelitos, cojeando despacio con un bastón con el que apoyarse, todo ello para versionar “Reunited” de Peaches And Herb. Poco les duró el toque soul y tranquilo del comienzo, a la segunda canción se desató la locura con “From Out Of Nowhere”, “Land of Sunshine” y “Caffeine”. Los trajes con los que aparecieron en el escenario poco a poco fueron desapareciendo en la medida que las canciones iban sonando. La pose originaria se fue diluyendo mientras Mike Patton se descubrió como un crooner de manicomio, capaz de tragarse el micro, aullar a una emisora de policía, activar un megáfono y zambullirse entre el público para cantar la parte épica de “Just a Man”. El setlist restante estuvo plagado de singles con “Midlife Crisis” y “Epic” como estandartes. Ahora sólo falta que vuelvan con un disco bajo el brazo y demuestren todo lo que tuvieron.

La jornada del sábado tenía como aliciente ver a unos remodelados Deftones, y no es que hayan cambiado de formación, sino que se les vio más en forma que nunca. Atrás quedaron los tristes conciertos que solían dar por estas tierras, en donde un bajo de forma Chino Moreno intentaba por todos los medios ofrecer un show mínimamente digno. En esta ocasión tuvieron muchas ganas de aprovechar al máximo los setenta minutos que la organización les ofreció. Sonaron trallazos del calibre de “Headup”, con la que abrieron el concierto, “Root”, “Passenger” o “7 Words” con la que cerraron su actuación. En este momento del festival la organización tuvo la deferencia en sacar unas mangueras para aliviar al público, ya que en ocasiones el exceso de polvo provocado por los empujones en las primeras filas hacía irrespirable el aire de Getafe.

Soulfly y Megadeth reinaron en el escenario pequeño. Los primeros, liderados por Max Cavalera, ofrecieron un show descafeinado sólo levantado por “Refuse/Resist” o “Roots Bloody Roots”, versiones de Sepultura, anterior banda de la que proviene el cantante. Aparte de estas pinceladas del pasado versionaron “Walk” de Pantera, ofreciendo un pequeño homenaje a Dimebag Darrell, guitarrista de Pantera fallecido en “acto de servicio” seis años atrás. Por su parte Megadeth no sorprendieron a nadie con su trash metal proveniente de los años 80, de la que rescataron canciones como “Peace Sells”, “Rust In Peace… Polaris” o “Lucretia”. No se dejaron en el tintero su canción más aclamada, “Symphony Of Destruction”, que casualmente es la más alejada de los canones clásicos del trash metal. El único pero que se le pudo poner, fue el escaso carisma de un Dave Mustaine, cada vez más apagado y con menos voz. A pesar de los problemas vocales que se presuponen a su cantante, Megadeth anda presentando nuevo trabajo, “Endgame”, del que nos desvelaron “Headcrusher”, una canción speedica con un ritmo muy marcado, acercándose a los discos que les dieron la fama.

La noche empezaba a cubrir los escenarios y dos de los cabezas de cartel eran los requeridos por los 25.000 espectadores que abarrotaron la segunda jornada del Sonisphere. Alice in Chains fueron los perdedores de la noche, ofreciendo un concierto apático, falto de imaginación y con un setlist pensado para los fans más acérrimos. William Duvall parece ser el sustituto perfecto para el malogrado Layne Staley, ya que canciones como “Them Bones”, “Man in the Box” o “Dam That River” suenan como si hubieran sido compuestas en los años 90 en un sótano de Seatle. El problema vino a mitad de concierto cuando tocaron “A Looking in View ” seguida de “Rain when I Die”, dos medios tiempos pesados que hizo que el gran público desconocedor de los trabajos de la banda, les diera la espalda. Poco sirvió para reflotar el concierto que cerraran la noche con “Would?” y “Rooster”. Una pequeña decepción que quedó subsanada con el concierto de Rammstein.

De repente el circo llegó a la ciudad. He de reconocer que en mi vida llegaré a conseguir ni un sólo disco de Rammstein, pero en su favor he de decir que no pienso perderme ni uno sólo de sus conciertos. El show que ofrecen es indescriptible para ninguna persona, hay que verlo para saber a lo que te enfrentas. Lanzallamas, espontáneos quemados al estilo bonzo, lluvia de confeti, botes de humo, teclistas que recorren las cabezas de la audiencia en una barca de goma, fuegos artificiales y teatro, mucho teatro. Con un sonido más cercano a la épica, intentaron disfrazar unas canciones repetitivas sin un solo ápice de gracia musical; pero que al estar camuflado por la puesta en escena, queda diluido y reconvertido en éxito.

Fotos: Juan Destroyer

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